martes, 30 de junio de 2020

Reseña de Canciones para viajar por dentro de Da Loma (Limbo Starr,2020)




Trino eléctrico para la última noche en la tierra esta sorpresa de Da Loma. Da Loma es un personaje mutante. Ha estado en las sombras, ha bebido lágrimas de éxito y se ha inyectado la bilis del fracaso de algunos de sus mejores acólitos. Hoy, libre de querubines pasados de mescalina y de unicornios que friegan los arrabales de los imperios bárbaros, desarrolla una carrera en solitario donde la lírica tóxica se mezcla con la brumosidad opiácea con una disolución salina que sirve de continuidad. Hace lo que quiere y cuando quiere. Sorprende ahora con cuatro temas víricos en su concepción y desarrollo que, aunque nos dejan fácil a los críticos las referencias, tienen un poso nutritivo que a mí, personalmente, me ha dejado soprendido. Se abre con niebla que dejan las lágrimas del mayor Tom al condensarse en las puertas de Tannhauser, se llama “Millones de kilómetros” y es como si la guitarra acústica de Sergio V. dejara entreabierta su ventana, mirando hacia la luna y Sergio, selenita de Yukón, descendiera para salvarnos con un disco de Spiritualized bajo su antena principal. Voces y voces que corrompen, porque la ausencia duele tanto como el recuerdo y la distancia es una forma que tiene el sistema métrico de evitar el olvido. Trescientos veinte tres segundos bajo la Vía Láctea, con la rítmica perezosa del que alimenta con láudano los motores de su nave espacial. “En vela” son dientes negros de besar razas ajenas, de compartir sus vicios un segundo antes de ponerse la escafandra. La rítmica de este tema es como un ralentizar la vida, con percusiones sacadas del corazón de Half Japanese y las guitarras vibran en la frecuencia de My Bloody Valentine. Ciencia ficción para colgados, Philip K. Dick colgado de ácido explicándole a Stanislaw Lem que la luz que parpadea en la consola del módulo es el alma atrapada de la primera mujer que nos amó. Después de la hipnosis llega la pesadilla, el hijo que mete los dedos en el enchufe y “Soñando con ovejas eléctricas” enuncia la ley cero de la psicohistoria, orbitales y estadística cuántica para guíar nuestras vidas. Una vida de canciones que termina con “Sueño desafinado”, como un efecto de sonido sacado de un vinilo del rastro, un sampler de un infante jugando con un casiotone de tercera comunión. Trino eléctrico para la última noche en la tierra esta sorpresa de Da Loma.


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