sábado, 17 de octubre de 2020

Reseña de MECANISMO UNIVERSAL de MECANISMO DE KOZAI (Autoeditado 2020)

 


Mecanismo de Kozai es una de esas nuevas olas que con regularidad llegan hasta las playas aragonesas. Olas que son necesarias para arrastrar propuestas repetitivas y capaces de dejar una huella permanente durante el tiempo suficiente. En su primer largo uno encuentra una producción muy cuidada, con la voz en primer plano, melodías que juegan entre lo cristalino y lo ambiental, textos de lírica libre con un aderezo épico coherente con lo celeste de su nombre. El Vuelo, tema con el que abren el LP es una buena muestra de ello, guitarras punzantes y garganta preparada para demostraciones solventes. El sonido de Mecanismo de Kozai nos remite a algunas de esas bandas que en los noventa siguieron la senda de letras cuidadas y selectas incursiones en la oscuridad como En Pecado o Gazza , pero también tiene algo de esa contribución al universal libro pop que hacían Distrito 14 o los recordados Días de Vino y Rosas como en el tema Química. Agosto fue uno de los primeros temas que mostraron al público bajo su nueva encarnación, con temática de amor a la Madre Tierra, tiene la fuerza de la reivindicación apocalíptica y en Astrolabio dan rienda suelta a una levedad enternecedora (a pesar del atrevimiento lírico de rimar labio con astrolabio, pero no nos vamos a poner ahora puristas, que todos hemos caído en la rima consonante alguna vez) , El pulso del viento juega con tonalidades más aceleradas para volver con Polvo a una delicadeza de ensoñación que remite a bandas como la Dama se esconde. Estatua de sal tiene un trabajo de guitarras preciosista que frisa el rock medieval y Domesticando mariposas vuelve a cultivar con arreglos épicos una forma de entender la música de larga tradición en nuestra tierra. Dogma/Axioma tiene algo de esa cadena que une a Las Novias con la versión menos tóxica de Parálisis Permanente. Una letra muy original, donde la banda juega con mucho gusto con conceptos habitualmente muy poco usados en la canción pop. El final no es la última canción, que con su sección rítmica trepidante, queda reservado a Éxtasis, una manera de entender el cielo como argumento, la vida como sucesión de estadios...Mecanismo de Kozai han entregado un primer LP de factura notable que picotea en su paleta con estilos muy diversos, destacando el trabajo con la voz y un equilibro entre baile disfuncional y medio tiempo confesional.


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domingo, 27 de septiembre de 2020

Vida EP de Stabilito (Autoeditado, 2020)

 


Uno siempre tiene la sensación de ser un interino en su propia vida. Estar guardándole el sitio a tu yo que crece, a tu yo adulto, a tu yo padre, a tu yo abuelo. No sabes quién se quedará esa plaza definitiva y mientras, imitas el lugar de tus progenitores o preparas el camino a tus descendientes. Aquel que entiende la vida como un interino suele dejar en la espera mensajes y recuerdos: canciones y poemas, películas y juguetes, guitarras con marcas que a su vez son historias. Mil vidas que se multiplican casi de manera fractal. 

Así uno se acerca a un disco final que es un principio, a una muda primordial como es esta Vida de Stabilito. En tiempos de concentración y usura emocional, se agradece una reflexión en cuanto a arreglos y voces. El disco se abre con Benson, con un sampler y una guitarra trepidante, una guitarra de la tercera nueva ola: abres la boca y te imaginas intoxicación o lucidez, tú eliges. Sigue con Hiroshima, se abre con el aullido de una habitante de las pesadillas de Oppenheimer para desgarrar el espacio tiempo a base de una sección rítmica que se desliza como los tentáculos de Shoggoth abriéndose paso en la madrugada a través de las grietas que dejó la destrucción. Hay un momento de ceniza en el texto, una forma de deshacer muerte y darle color, con las guitarras y el aullido que nos recuerda a aquellos grupos ochenteros españoles de nombres prohibidos, grupos que nadie quiere recordar que existieron, como 429 Engaños o Minuit Polonia. Un actor invisible nos lleva por latitudes acuáticas y estancadas que activan pasajes de la memoria que son como el beso de una madre antes de dormir, abriendo de nuevo el cielo a la electricidad, con esa variedad de registros de Guillermo Esteban. No solo por estar cantado en catalán pero es evidente que los mecanismos llevan a la acidez de Ricardo Solfa cuando abusaba de la ayahuasca con Adriá Puntí y, completamente pasados, invitaban a anchoas al oso polar disecado que guarda Dalí solo para sus favoritos. Están los momentos menos sacados de El columpio asesino y los restos de hidrocarburo que dejan Nudozurdo cuando vuelven de resaca, está el Miracle el aire, con esa fatalidad de las bandas que surgían de los prefabricados de Manchester, como Durruti Column o la parte más post punk de Cabaret Voltaire. Salmodia en el texto, el camino de Ray Loriga, no saber distinguir el sabor del congrio seco, no tener lo que se quiere, solo lo que no se puede evitar. En el gran libro de los días extraños, la dicción de Stabilito, de Diego, el vocalista, nos lleva a los momentos más alucinados del Indio Solari de Gulp! para acabar en Funeral, convirtiendo el final en una especie de ecuación cuya resolución se pinta en las paredes con sangre. Funeral abre los pulmones, expande los instrumentos, Dios es una pelotón de fusilamiento y la cama de un hospital una barcaza conducida por Caronte. Me guardo la última moneda para pagar la zona azul o invitar a ese espectro de buenas piernas. ¿Se parece un poco a Nico o son las lágrimas que no me dejan ver?

Stabilito es un producto de su época, de una época posterior a los noventa, una época en la que todo volvía a parecer ordenado y entonces la exigencia se convirtió en un problema y la originalidad ya no servía como bandera. Prohibieron el cigarrillo y el katovit y dejaron la merca y el ansiolítico. Así que nuestra vida siguió siendo una montaña rusa pero como todos íbamos montados no nos dábamos cuenta. En física se le llama observador no inercial y uno tiene que echar mano de fuerzas ficticias, como la de Coriolis para tener la sensación de que su parte en el mundo está en su lugar. Este disco de Stabilito puede ayudar.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Mirada al pasado de HombreLobo (AUUU!!! Records,2020)

 


Son dos viejos conocidos de la escena musical aragonesa: por un lado la voz y la capacidad compositiva de Alejando Mariona (Alx Estige en su encarnación de principios de siglo) y la habilidad como alquimista de la electrónica de Ricardo Ponce (Räro dj en EIDN, la última época de Nubosidad Variable o Louisiana). Cinco temas para un EP que se abre con Galáctica con sus fibrosas vellosidades sintéticas acompañando una voz sobresaliente, una mirada a las cenizas que dejan como huella los monstruos del espacio, tristes en los noventa. Hombre Lobo es un abismo de enanas blancas, una entropía con sonido de fondo, ecos de lo que pudimos ser y que no volveremos a contemplar como fracaso. El paso a Ruido nos ofrece un pasacalles mucho más lúdico, de ángeles que alucinan como devotos de la trepidación de Martin L.Gore y las producciones de los satélites del Carlos Berlanga más tóxico. ¿Es Tino buscando a Billy Boy? ¿Es John Foxx contemplando Europa después de la lluvia?. El tercer tema, Camino hacia la luz es una de esas letras maduras que esperábamos de un compositor de como Alex Mariona, con uno de esos fraseos desbordados, un gen mutante que no se aprende, se recibe directamente de los habitantes de Oviformia o los besos de una bandada de gaviotas. Atmosférico como su nombre indica, como un expedición en busca de la Lemuria perdida, las sirenas soplan al oído de los roland y los fugaces devaneos de M83 con Jean Michelle Jarre. Bucear es volar en silencio, soñar sin miedo a mojarse. Los arreglos acompañan perfectamente la voz y no hay un brillo de más ni un alma sampleada que se pierda...incluso con el aviso final de bombo a negras que promete un directo jugoso y bailable. Sencillamente perfecto. Ricardo Ponce demuestra un manejo en la sala de máquinas que significa una evolución cualitativa en estos últimos años, acercando su paleta a los grandes, cuidando cada detalle. El final para Sol, en contradicción la parte más oscura del disco, entre Azul y Negro y los Iniciados, sabiendo que uno no se convierte en vampiro hasta que llega el día. El resto del tiempo bailas o te inyectas TB-303 hasta que tu corazón encuentra la secuencia correcta para el quinto profeta.

Un disco sobresaliente, pulido con un diamante, fino como una placa de korg recién salida de una caja olvidada en un almacén de Manchester por el nieto de Bernard Summer, en el decimoséptimo cielo hay una parada para estos licántropos. Descubran sus arterias, traen los dientes afilados.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Reseña de Amor Olímpico EP +DEP los Crápulas single de Mediapunta (Sonido Muchacho,2020)

 


Mediapunta ya no juegan en divisiones inferiores, han creado su propio campeonato en una división paralela de aullidos, picaduras y delanteros con el cerebro quemado que no asumen su decadencia. Mediapunta es al deporte como Maradona a la vida, intoxicación y aceleración. No sabes si estás siguiendo a un ídolo o estás siendo parte de la función de un clown. Tengo cuatro canciones, me prometieron dos más. La dosis anda escasa, pero Fantasma lleva el ritmo adecuado para ser píldora asesina, de leche y drugos pasados de vueltas, guitarras afiladas y una sección rítmica contundente con Diego Ibáñez emulando al mejor Jam Albarracín juntando su voz con la de Francho y cía. Traición suena ochentera, suena a los Vegetales o a los Zoquillos cuando iban de pervitín y se disfrazaban para destruir con un tratado de Adolf Loos en la mano. De Tumbaos hay videoclip, porque Mediapunta es la generación que lo registra todo, trabajando el workinprogress sin descuidar los detalles, el fraseo de Francho ha mejorado desde los tiempos del Gol de Nayim y es uno de los mejores activos de la banda junto a la solidez instrumental, sencilla y funcional, Tumbaos es una nueva revisión de La Playa de los Planetas en clave tóxica y sin metáforas, una canción tormentosa, cuando ya no hay que escuchar la voz de nadie para sentirse abandonado, vale con una mensaje de whatsapp. Boca de serpiente es el cuarto tema de Espíritu Olímpico y es un medio tiempo energético y macarra que solamente se desluce en una indecente rima consonante, pero siendo que Nacho Canut o Abraham Boba lo llevan haciendo décadas, quién soy yo para decir nada, ni que me dedicara a los sonetos. Yo me escapé de las fauces de la noche y ahora recibo avisos de madrugada de generaciones posteriores. Por eso agarro a Román, que tiene nombre de canción, y bailo en mitad de una habitación perdida de un pueblo lejano de cualquier lugar de ojos en blanco y puños en alto, pero sigue valiendo al aceleración primigenia cuando uno escucha Una gran cacería. Eran dos canciones que no iban en la botella que me llegó a esta orilla...la otra, El parque, ya avisan en las redes que tiene parte del cruce entre los Teenage Fanclub y Big Star, entre el Glaswow Rangers de Brian Laudrup y Jon Auer tratando de despertar a Alex Chilton porque tiene que acabar de producir a los Cramps. En El parque la riqueza melódica y las capas de guitarras y voces crecen con elegancia y demuestran que Mediapunta puede seguir dando mucho juego en los próximos años, quizá sea uno de los mejores temas de la banda, que pivota con gracia entre los garajes y los áticos, entre el subterráneo y la psicodelia alucinada.

domingo, 2 de agosto de 2020

Algunas palabras sobre La vida 2.0 de Mariano Gistaín (Editorial Xordica, 2000)

Vida 2.0,La (Carrachinas): Amazon.es: Gistaín, Mariano: Libros


En redraragon pone que el precio aproximado del libro es de 1600 pesetas. Que es una novela. Han pasado 20 años. Mariano Gistaín ya lo sabía todo. No me digáis que es un visionario ni un viajero en el tiempo. Ni un millonario que moldea el mundo a su gusto aprovechando el poder que le da su capital bien invertido. Gistaín utiliza la petaca como unidad de medida. Lo acertó todo. Acertó la llegada del COVID-19 y Podemos. No junto las dos cosas con maldad ni relación de ningún tipo. Mariano podría estar escribiendo esta reseña ahora mismo. Podría haberla dejado en un virus preinstalado en Windows 98 y se ha ido transmitiendo de portátil en portátil activándose como un durmiente durante la guerra fría cuando ha aparecido la palabra clave. Petaca. En el otro documento que tengo abierto hay un cuento que está creciendo. Nunca será una novela porque la novela habla de muertos y de caminos que se eligen de manera aleatoria. Se equivoca usted de camino me dirá Mariano. Gistaín se tira desde el tren al llegar a Calatayud. No espera que se detenga. Entonces no había AVE. Así que el regional, el talgo, el cercanías, iría suficientemente despacio. Sabe que el camino que F. e I. recorrieron eran variable. Faltan 6 años para que eso ocurra y 20 para que yo modifique el recorrido en mitad de una pandemia. Marino sabía que iba a llegar. Está contando antes que nadie lo del COVID-19 y también te está contando la serie Years and Years. 
EN LA MENTE DE RULO: YEARS AND YEARS: terror social en un futuro ...


En La vida 2.0 Gistáin dio el salto de lo analógico a lo digital cuando en la parte de atrás de los televisores no había HDMI solamente una ranura que se llamaba Euroconector. En la Almozara -luego volveremos a ella- la gente movía las antenas parabólicas para pillar la radio televisión de Luxemburgo. Se veían tetas con facilidad. Era mucho antes de telecinco. Era como Cronenberg en Videodrome. Cronenberg y Deborah Harry, Gistaín y Alma Coca. La de Alma y los Cadáveres. La de Cocadictos. 

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En el documento que tengo abierto al lado de este la gente encuentra videocámaras vhs donde graban comuniones y mañanas de Reyes, pero también a Peter Handke en cada hostal donde vivió en España. En todos los pueblos de España, en la zona entre Castilla y Aragón hay videocassettes de Peter Handke haciendo cosas. Tanto si vas por Tarazona como si vas por Santa María de Huerta. A veces pienso qué se destruirá antes el soporte digital de las grabaciones o las vidas de todos los que conocieron a Peter Handke en sus visitas a España. Esos soportes electrónicos con su magnetismo latente. Cuando les explico a mis alumnos que si mueves un campo magnético generas corriente eléctrica no se lo creen. A veces pienso que deberían llevarme a la hoguera solo por insinuarlo. 


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El lector de pupilas es un buen ejemplo de lo que estoy contando. Como el vendedor de recuerdos que salía en Tokyo ya no nos quiere de Ray Loriga. Loriga estaba agazapado y copiaba a Gistaín y a F. Loriga hablaba de Ballard y de Philip K. Dick pero en realidad estaba pensando en Gistaín. Lormatazepam Normon 1 mg. En la mixtape que grabo para esta reseña y para el documento de al lado solo hay tres canciones por ahora: Leave me alone en versión New Order, El anillo del capitán Beto pero cambiando a Norberto Alonso por Nino Arrúa y el banderín de River Plate por uno del Zaragoza (nota: la nave utiliza un combustible que es un derivado producido a partir del terruño rojizo que había bajo el suelo de la Almozara en los setenta, pero también volveremos a ello) de Invisible y finalmente Leave me alone pero en versión de Señor Chinarro. Usaré una TDK de 60 minutos.

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Ahora bien, salto un poco más adelante, quizá 2009 o 2010, Chusé Raúl Usón está en el living de mi piso de San Antonio María Claret. Desde la ventana se ve la calle Luis del Valle, muy cerca está el restaurante Dumbo. Encima de la mesa de vidrio deja la Vida 2.0 y también Los Bosques de Nyx de Javier Tomeo. Más libros, no recuerdo los otros. En el ascensor está esperándole mi hijo, Román, que nacerá el día antes de Nochebuena de 2019. Mi hijo apunta con un mando a distancia a Chusé para que me traiga los libros a casa. En el futuro cambiar de canal no será nada, no habrá canales, solo menús y sus colores y clasificaciones tendrán algo de dactilar y de captura de pupila. Un mando a distancia en 2048 que es cuando mi hijo habrá comenzado su viaje en el tiempo será como un hueso de mamut o una punta de silex engarzada en un trozo de madera. 

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Ni creo ni dejo de creer. Pero tú, Mariano, sabías lo del COVID-19. Tú sabías que en el Casino de Huesca, en el baño de hombres, había un Aleph. Un día de 2004 entró Leopoldo María Panero y salieron tres o cuatro personas cuerdas. Las dimensiones paralelas intercambian humanos como nosotros cromos. Esos días Luis Lles estaba muy atareado, tenía doble turno en la fábrica embotelladora de Coca-Cola que había a la salida de Zaragoza (con perdón) para que al poeta no le faltara bebida.
[Creo que te estás equivocando de libro, Octavio. No, no...también tengo pendiente para este verano distópico Florida 135 Cultura de Club].
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Ni creo ni dejo de creer.
¿Iban Pantani y Riis puestos de EPO? ¿Brassens inyectaba microdosis en sus canciones? Más EPO, más oxígeno. Un muerto reciente es como un vivo a punto de teminarse. Si aumentamos el ritmo, si todo va más rápido. Un segundo más. Espera, ahora que te he puesto en canción te pido que te detengas. Volveremos al Tour de Francia y volveremos más pronto de lo que parece al Forward de tu viejo vídeo VHS. James Ellroy imitando a Ballard. La cocaína de Ballard en la Costa del Sol. Una urbanización con paredes tan altas que no pueden saltar los virus. 
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Las pandemias aceleradas con un combustible especial, extraído del subsuelo de la Almozara cuando todavía se llamaba al barrio La Química. En la Química tenía el Real Zaragoza un campo de entrenamiento secreto. Allí llevaban a los zaragüayos a entrenar. Gracias a las mutaciones producto de los efluvios del subsuelo llegó el subcampeonato. García Castany podría confirmar la historia. Y Glaría, que era maestro y amigo de mi padre. Mi padre estaba en comisión de servició poniendo en marcha el Jerónimo Zurita, la escuela, en el curso 1972-1973. Es el mismo año que conoce a mi madre. Se casan en 1975 y yo nazco en 1978. Salían con los chicos al patio y cuando los chavales le daban una patada al suelo el terruño era rojo, pero no como el de la arcilla, era un rojo que solo se puede conseguir si tienes la caja de rotuladores Carioca de 36 o lápices Alpino de 30 para mezclar. Era un rojo ácido.
Antigua caja de rotuladores carioca, universal. - Vendido en Venta ...

Lanzaron a Arrúa en un cohete como el del capitán Beto. Cuando vuelva tiene un burofax preparado lleno de denuncias. Un burofax será como un título nobiliario. Habrá muchos hermanos muertos en la bodega de ese cohete. A veces iba Perico Fernández a entrenar. Cuando mi hijo volvía a su tiempo se detuvo en el año 2011 y me vio sentado en Bodegas Almau invitando a un pitillo al campeón del mundo. ¿Qué diferencia hay entre un Aleph y un agujero negro? ¿Y entre Einstein y Borges? ¿Ramón J. Sénder y Aristóteles? Cuando vuelva Arrúa mi padre será el copiloto y ya no nos asustaremos cuando suene el teléfono fijo de casa en mitad de la noche. Cuando Gistaín escribió La vida 2.0 ya sospechaba que los teléfonos fijos se convertirían en una especie de lujo inservible como los porteros o los plazos fijos. Es difícil entender lo del precio del dinero. Cuando Gistaín escribió La vida 2.0 ya sabía que el dinero no valdría ni el papel con el que estaba hecho porque los predicadores de la Santa Hermandad del Cambio Climático habían prohibido talar un solo árbol y nadie quería llevar billetes hechos de plástico que pesaban más y encima eran mucho más contaminantes. El dinero de plástico, y eso ya lo sabía Gistaín cuando escribió La vida 2.0 solo valdrá en el Casino Montesblancos de Alfajarín. 

El casino de Montesblancos, en ruinas tras ocho años de cierre ...
En la Vuelta a España de 1983, la de la masacre de Serranillos, la de Hinault contra Lejarreta, contra Alberto “El galletas” Fernández, contra Gorospe, contra Arroyo o Perico...el 28 de abril Giuseppe Saronni ganaba en una llegada en repecho vestido con el maillot arcoiris de campeón del mundo. Todos iremos con nuestro dinero de plástico y quemaremos los billetes para no pasar frío mientras jugamos al copo o a los montones, porque todas las ventanas estarán agujereadas de las pedradas. Niños o mutantes. No respetan a la memoria de Saronni. Saronni no corría el Tour de Francia. 

Del arcoíris en la Vuelta a España | by Juanfran de la Cruz | Jun ...


En La Vida 2.0 hay una televisión atrapada en una habitación emitiendo una y otra vez la etapa prólogo del Tour de Francia de 1989 en Luxemburgo. Hay muchas almas atrapadas en esa habitación. Puede que una sea la tuya o la mía y nos hayan dejado salir para poder escribir esto. El Lormatazepam es la llave de entrada y salida. Lo dicho, está en bucle pero puedes pasar rápido con el dedo sobre el forward del vídeo y parece que Perico se da prisa y llega a tiempo. Lo haces con el dedo porque no hay modernidad suficiente en el mundo que permita un vídeo vhs con mando a distancia. Mi hijo usó uno como arma disuasoria para que Chusé Raúl Usón me llevara a casa la Vida 2.0 y un libro de Tomeo. Un mando a distancia para un VHS es una aberración. El COVID-19 también lo era. Y Podemos. Matrix ya es un clásico. Como la Noche de la Iguana. Fue la primera película que vi en DVD. No se veían los cables. Quizá nunca hubo cables.
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Reza por mí, Mariano. Estoy escribiendo una historia en el otro documento. A la actualización del generador de novelas le está costando descargarse. El módem hace ruidos extraños. Como cuando lo conectabas y eran los datos o las llamadas de teléfono. ¿Qué pared quedaba por derribar?  

jueves, 23 de julio de 2020

Unas palabras sobre Mictlán (Odas a la muerte) de Ricardo Díez Pellejero (Olifante, 2020)


MICTLAN (ODAS A LA MUERTE) - Teran Libros


En aquel año todo cambió. Pero la poesía siguió bailando alrededor de la muerte. La siguió cantando y siguió puliendo su presencia en el bloque de granito que es un folio en blanco. Porque caminamos hacia la muerte y la sangre que derramemos será una ofrenda: “Día a día perdemos la vida/la muerte es la gota que colma el vaso”. El gran poeta que camina junto a la muerte es Ángel Guinda y su presencia se aprecia en alguno de los versos de Ricardo Díez, por ejemplo en “Pero y la muerte/¿cómo habré de vivirla?” o “Rebosa salud la muerte”, también la ciencia misteriosa, la que escapando de Newton y Aristóteles se atrevió a bucear en las procelosas aguas de lo cuántico, de la imposibilidad de la posición y la velocidad a la vez, dejando las funciones de probabilidad como única antorcha en exploración del universo donde Dios y la muerte conviven en el mismo espacio y en el mismo tiempo. Somos como una tercera dimensión donde atrapados contemplamos reflejos y distorsiones, temerosos de cruzar paredes y muros. ¿Qué hay más bello y abandonado en este mundo que reniega de lo analógico que aquellos que “auscultan el fondo de los buzones”, Ricardo Díez actúa como un demiurgo en esa tercera dimensión, cruza sigiloso y desbroza los misterios, un chamán que nos devuelve a la época Hiperbórea, “mi voz no llega sino después de un eón de mudez”, el silencio es también un buen cliente de la muerte y el tiempo es un remanso donde la confusión entre estar vivo y haber muerto encuentra su sitio. La cita de Juan Luis Panero con la que se abre uno de los poemas no podría ser más acertada: entre sus seguidores los “juegos para aplazar la muerte” son uno de esos ejercicios como cambiar los versos -con tu permiso, Ricardo-, “Hay que hacer arder el frío”. Entre el tiempo donde la recta que en su intersección entre planos decide el cero absoluto, ahí es donde la muerte adquiere forma de quietud, no saber si es sueño o muerte o caballitos de mar liofilizados por un dios azteca aburrido. El poema Especies invasoras es uno de los más poderosos del libro, versos como “Ellos guardan bajo sus raíces/un depósito de semillas nuevas,/que tendrán ocasión de germinar/tras el incendio”, supervivientes que en su interior dejan que la savia fluya hasta que seca, la muerte ahogada y saciada se eleve, hacen enmudecer al lector que atraviesa el paraíso perdido hasta llegar a Estiaje donde ya todo está arrasado “Pero a dónde iremos/cuando hayan ardido todos los bosques/cuando se extingan las bestias que toman nuestro último aliento”. Unos versos que recuerdan -y, de nuevo perdonen el atrevimiento, casi una boutade-al recitado inicial del Mundos en eclipse “el último árbol sea arrancado terminará la vida y comenzará la supervivencia.” y lo hago por el cariño y admiración mutua que se profesan Santi Rex y Ricardo Díez. Mictlán es un libro depurado, introspectivo, donde cada palabra y cada verso está medido porque el lenguaje es arma y refugio, protección y hechizo “ ¿Sabremos saludar a la muerte sin lenguaje?”, como la matemática es paz y sosiego, sea a base de axiomas y corolarios, teoremas que en su demostración imposible no nos permiten encontrar solución a la muerte. Ricardo encuentra en el azul a los ángeles, aunque sean daltónicos, y en el blanco, el tiempo de doctorarse en entomología cuando los gusanos devoren aquello que fue su cuerpo. Por dos veces aparece Sergio Algora, otro explorador de la muerte desde la vida, en el poema Renacer o en las canciones que Algora pinchaba, mientras devoraba la vida para solamente dejar migajas a la muerte, también hay un bello recuerdo para Emilio Gastón, para muchos el único ángel verdadero que planea sobre las nubes de nuestro Aragón. Ricardo Díez es hace mucho un autor imprescindible en nuestra literatura, en nuestros poemas, una generación que, con Ángel Gracia o Jesús Jiménez, por poner dos nombres muy presentes, ha recogido una responsabilidad inevitable pero que para el resto nos resulta un faro fundamental y necesario.

viernes, 17 de julio de 2020

Algunas palabras sobre Alumbres de Ángel Gracia (Premio Isabel de Portugal 2018, Veruela Poesía)

Ángel Gracia presenta 'Alumbres' - Literatura en Zaragoza, DPZ e ...



Que de la ceniza uno pueda extraer una semilla de vida igual que si la lanzas te lleve hasta el fuego y no deje nada más que muerte. En el poema Gracia dice “Nada existe hasta que la luz lo dice”. El mundo ahora cambia y es “Nada vive hasta que la muerte muere”. O se aleja. En Alumbres la luz que se prende del alcohol tiene algo de falso, es tinta invisible en una borrachera de gasolina, como un poema que se enciende y se llevará todo por delante cuando prendas el primer pitillo de la mañana. El aire como enredadera que busca su hueco entre la enfermedad, buscando cualquier espacio donde acomodarse. En Cinerario sobrevuela la confusión entre hombre y árbol como oscuro objeto de mutación de la ceniza y en Claridad “Sana tu sien de todo sentido” la electricidad es un alimento purificador que como sucedáneo de soplo vital imagina una bisagra entre cuerpo y cadáver que haría las delicias de los monstruos de Villa Diodati. Y es que en Alumbres el cadáver alcanza la plenitud en la muerte, el trozo del alma no deja sitio para una alma que sea semilla “Alcanzas el silencio/cuando te despiertas/en tu cráneo vacío, /cuando tu hueso recibe/su primera helada”, al acercarte el escalofrío que te recorre al introducir tus manos en el terruño es magnífico. Escribía Carlos Bousoño “Ha visto envejecer el rostro humano muy poco a poco,/tan poco a poco que nadie fijaba su atención distraída/en el menudo pormenor de una arruga incipiente”. Cuando la muerte es una apicultora y confunde con su aliento a las almas que se acumulan alrededor del humo y sus dedos huesudos penetran para atrapar...el qué, ¿la NADA? Y llevársela golosa a la boca. No, Ángel Gracia no es bucólico es un chamán que enarbola las Geórgicas y hace de los panales viscosos surcos para que las almas encuentren líneas telúricas que las guíen hasta la nueva cosecha.

Alumbre es la vuelta a lo básico, a esa ceniza-que yo respiro y guardo dentro, como un asbesto que mortifica y reconforta a la vez-, que contiene la memoria de todo lo que fue pero es inútil para hacer crecer nada. Las imágenes de Ángel Gracia son como el instante en el que las larvas eclosionan en un tejido muerto y arrastran su esperanza, una esperanza desconocida para todos nosotros “Respiras lluvia y toses tempestades”. Sin repulsas, simétrico como un campo bien arado, como unos racimos de luces que la tormenta desperdiga: “Únete a la raíz de los muertos”.

En la tercera parte llega la muerte y se ausentan los animales, escribe Carlos Edmundo de OryAguarda en este hondo valle la llegada de los grandes lobo./Tus únicos testigos de hambrienta soledad”. El reflejo del folio resuena como el canto de la sirena, que atrae y asusta al mismo tiempo: “Escribir es enamorarse del blanco/dejar que la nieve me ciegue”. El poema Blanco es un monumental texto sobre el acto creativo, un acto donde coinciden notas moribundas y desiertos ciclópeos, donde la luz de las estrellas más lejanas y potentes es luz intensa que ilumina, pero luz que es aliento de una estrella muerta. El alma es un objeto al que le han arrancado todo lo que era semilla en la hora de la muerte: “Seré viejo vagar/pasadizo entre planetas”. La paradoja del árbol que se derrumba en mitad del bosque, un hombre que recita unos versos en su cabeza, las palabras que son proyectos de poemas en la mina de un lápiz. No hay poema más puro. Avanzamos en la aritmética de la muerte ”La proporción necesaria/es que haya dos vivos para cada muerto”, el cadáver es uno diamante que fue vidrio barato y tuvo que esperar un millón de años: ¿Qué tendrá que ver esta noche Nick Cave con lo que leo y escribo? ¿Serán solo las malas semillas? ¿Será la idea de los cuerpos atrapados como gemas en lo más profundo del suelo y sus manos y las tuyas que en la misma dirección buscan encontrarse? En la Santa Compaña no hay confusión entre vivos y muertos porque son lo mismo y Dios la excusa para seguir en el negocio: “Dios, confiesa si cada noche/pides ayuda los muertos/para que el mundo no se acabe”.


¿Quién me iba a decir que tras casi dos décadas las ubres de Roger Wolfe tan insípidas o los santuarios de Manuel Vilas repetitivos con la rítmica de repostar nafta en una gasolinera? Será el silencio de la noche en Ateca, un silencio de verdad, donde la temperatura de los ríos al mezclarse susurra una tonada distinta audible incluso para los que arruinamos nuestros sentidos con las máquinas de música metálica. Termino, otra vez, con Carlos Bousoño: “Todo está allí, la sombra, el esplendor del sol entre las ramas/bajas de los cerezos/nuestros pasos que van por el sendero/junto al seto de moras”. El final, el comienzo, el canon. Ángel Gracia que completa después de Valhondo y el Libro de los Ibones, tras Arar, una tetralogía de naturaleza como trasunto de la existencia humana en un ejercicio el de Alumbres, donde la muerte, pero también lo que hay antes y la huella que queda, son el motor y el temor de la vida.