martes, 12 de mayo de 2020

Unas palabras sobre La miradora de David Giménez Alonso (Comuniter, 2019)


Vuelve David Giménez – Librería Anónima

David Giménez caminó por el pasillo de su casa hasta la puerta. La abrió y miró fuera. Escuchó sirenas, unas con cola y otras recorriendo Remolinos controlando que nadie se saltara el confinamiento. Las promesas de las primeras no tenían suficiente dulzura, se dio media vuelta y se quedó en su casa. Era el final del 2018 y el viaje había comenzado dos años más tarde. Sobre la mesa de la cocina extendió un mapa mudo y comenzó a pintar sobre él-podría haberle hablado, pero no le hubiera contestado, era mudo, el mapa, “Que no haya respuesta es en sí una respuesta”-, marcó con muchas cruces, trasuntos del Yukón como Gallake, Niu Yol como Nueva York, David Giménez era como un Battiato de la ribera buscando “las ciudades sagradas son difíciles de habitar”, besando el papel como si no hubiera uvas pasas, calmando su explorador interior mostrando su peor cara. La miradora es como Salgari o Lovecraft escribiendo poemas sobre el mundo sin salir de su casa, como aventurarse a una distopía con las instrucciones caducadas. Hay ciertas ciudades a las que hay que ir bien comido, como pasa con el whisky y como se decía antes de algunas mujeres, “Qué será lo próximo, una lluvia sin fondo, sin principios..”, lo siguiente es agachar la cabeza, silbar a Devendra Banhart, escupir sobre los ángulos rectos de Lisboa, morder la dinamita como si fuera regaliz de palo. El amor construido en inviernos nucleares, un amor pálido y ligero “Te tapabas con una manta que siempre llevabas a tu lado/una manta como un matrimonio blanco”, como Marie Laforet escribiendo una postal el última día de su vida “Y también comienzo a nadar/debajo de los pasos de cebra está el mar/los otros poetas de mayo no decían eso/se quedaron en la playa.” En Mostar la mujer de Lot, atrapada en la sal de la muerte, en Turín, una vecchia signora que le dice a su marido “la espuma es el miedo del mar” mientras le acaricia la mano. Iglesias donde llorar, olvidar un anillo en fondo de un dedo, el miedo a la corriente “Vivo en el interior. Casi no llueve.” El segundo día que David quiso salir de su casa lo primero que hizo fue comprobar que los líquenes habían muerto, no llovía desde hacía mucho en su casa. Llovía mucho fuera, en la calle, pero casi nada dentro de las habitaciones. Las hojas parroquiales se acumulaban en el entresuelo y las escobas traían púas por haber pasado una mala noche. Giménez se sintió un poco Whitman y un poco Cohen, escribió en papel reciclado hermosas promesas que nunca cumpliría al despertarse. La primera que iba a despertarse “acoge a mi hijo antes de que llegue la noche”, la segunda que su padre volverá con marfil entre los dientes “Mi sombra me dice que no muevas/ahora va a mover tu padre”, la tercera que elegiría una musa y la pondría en la popa del barco, donde asustaría a las sirenas de la poesía. El tercer día empezó cuando acabó el cuarto, así de desordenada es la vida del poeta que muere “Yo morí en abril que era el mes de cien noches”, con la boca cargada de besos y los bolsillos llenos de fartons, sin tener que dar explicaciones a otros muertos y a otros vivos, los que buscan un lugar perfecto para esa labor “encontrar un sitio adecuado donde morir, lejos de los hospitales y las amarguras”. Indios de madera que se mueven por las noches, rockeros que van de la cama al living, sonetos que se descuadran cuando la chica a la que van dedicados no corresponde, “anoche tuve un sueño en el que alguien me soñaba”. El poeta minero encontró en la punta del lápiz la promesa de los mejores versos del mundo, solo había que esperar unos millones de años a que las palabras se asentaran. “No ser un hombre feliz/pecar de excesos y rapear”. Yo digo, rapear a nivel PROFESIONAL.

domingo, 10 de mayo de 2020

Unas palabras sobre Escalinata de Sebas Puente Letamendi (Baile del Sol,2017)


ESCALINATA: Amazon.es: Puente Letamendi, Sebas: Libros

¿Qué hay en los peldaños de este libro? ¿Quién espera arriba? ¿Quién se ha quedado en la parte de abajo? Los versos de Sebas Puente son el resultado de un cincel robusto que juega al despiste, eliminando broza y buscando el laberinto en el inexperto que se acerca al libro silbando “Introduciendo un vacío impecable/en los bronces y las conversaciones”, como el Cohen de Tower of song, el salmo apócrifo y urbano reluce como una pepita de oro: “Cómo podéis dormir tranquilos/cuando es el cielo/lo que esperáis”. Como un ángel de Handke y un desesperado forajido de Sam Shepard, Sebas captura “Alguien tendrá que hacerse cargo/de nuestras próximas apariciones” y devuelve el gris aletear de los pájaros sin nombre y los monstruos que se esconden bajo los puentes, ministerios vacíos, ciudades vacías, cuerpos vacíos “Abandonamos nuestras habitaciones/para buscar un espacio nuevo/desde el que observar sin ser vistos”. Una espiral se convierte en una cinta de Moebius donde se confunden principio y final: “Las palabras y la vida/no hacen contacto, fallan”. Entre las cúpulas y las figuras, entre el pan dorado y las columnas que rascadas arrojan el poco gusto del policromado, como si la visita fuera a Astaroth “Varias estatuas que custodiaban/la entrada principal de la ciudad/han sido abiertas siguiendo el surco/de sus principales vetas”. El alcohol y el viaje, las estampas de Hopper, terminales de autobús y tren, la huida como un empate con la vida: “Puede que consideremos una retirada a tiempo; /puede que, después de todo, conquistemos/una apurada victoria”. Sebas ahonda en la sociedad de fantasmas, en la vida de los ausentes, hay una compañía invisible con la que compartir alivios momentáneos: Una mujer, un amigo, las palabras: “En los días de asuntos propios/dejamos que el ambiente se enturbie/y bebemos a conciencia, /pagando, cuando hace falta,/precios desorbitados”, esa compañía sobrevuela el libro, lo hace cercano, alimenta: “Porque desde hace meses,/nos movemos en silencio por la casa y asentimos/ante cualquier pregunta”. No hay sed suficiente para todo lo que falta por celebrar, sea un espejo, Man Ray o Cadaqués.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Unas palabras sobre La mala raza de Nacho Escuín (Editorial Bala Perdida, 2019)

La mala raza – Bala Perdida Editorial




Cuando no ha pasado ni un año pero todo tiene pinta de más viejo, de antes de...escribe Nacho Escuín en su vuelta a la poesía, como si de un traje que vuelto a poner tras un tiempo te queda mejor incluso que antes, “a lo lejos el mar también se destruye”, porque la destrucción y el cainismo es parte de este libro. Una cita de Roger Wolfe que abre el texto, el hombre que se asesinaba en los transportes públicos, y también una cita de Supersubmarina. Escuín ha decido que usará los colores que decida, mezclando fuera de canon, cogiendo de la moda lo que para él es tradición. “No estar en ninguna parte/y en todas la vez/da perspectiva” es un verso inequívoco de los años como político que han pasado en la vida del poeta. Un poeta político o un intelectual que trabajó para el pueblo, las definiciones valen casi todas, pero “La mala raza” no es un libro político ni esta una columna de opinión. Aquí hay belleza y la bilocación, aunque sea de cuerpo y alma, es algo con lo que viven los poetas de este siglo y del pasado. Me viene a la cabeza Vicente Muñoz como un beatnik del calzado o los poetas-profesores que dejan que sus asignaturas se introduzcan en sus versos como curiosos estudiantes. El café y la ciudad. Dos temas clásicos en Escuín. Las fotos de las paellas y la prensa que solo eran el descanso del guerrero, “quiero irme de aquí/pero nunca me fui del todo”. Conocer al poeta hace que uno se sienta más cómodo en sus versos “Y luego está la valentía del que dejó de fumar para que yo la olvidara”. Recuerdo la casa junto a la Romareda, estar sin tabaco y fumarme un pitillo que ya estaba un poco pasado pero que te sabía a gloria. La guerra por la palabra, por lo que es verdad y no importa, porque lo que importa es lo que quieras escuchar, es bueno tener que obligarse a una lectura segunda, escapar del ruido blanco que lo entorpece todo. Este libro de Escuín es un libro escrito bajo un bombardeo, cuando ya no quedan parapetos y los folios son la última de las protecciones. La segunda parte, Portfolio, es un ejercicio de retratos y espejos, no sabemos si hay realidad o es estándar, no importa, todos podemos tener una esquirla de “La muchacha de la noche” o de “El hombre con los ojos tapados” en nuestra propia manera de andar, generaciones que no se dejaron marcar por las obsesiones de sus padres, Berlín, Brexit, el ayer y el mañana, “Todo está en la infancia”-vuelve Vicente Muñoz porque Vicente nos alimentó en los tiempos oscuros después de las revueltas-, esas lecturas en bares que ahora parecen un poco ridículas pero que nos acercaban a las estrellas del rock. “La presión de leer un poema como si en él se terminase el mundo”, Calamaro, Paco Umbral, los restos de un amor puntual y sus cenizas moradas que sobre el oficialismo se niegan a ser recordadas.

Un punto y aparte. Una vuelta al atril y las botellas de agua mineral del tiempo, el idioma de la ginebra se apaga y es más difícil levantarse a las siete para ir a trabajar que llegar a casa con los huesos impregnados en absenta.

viernes, 10 de abril de 2020

Unas palabras sobre Poema de miedo, esperanza y felicidad en veintiséis partes de David Mayor (4 de agosto, 2019)


A veces uno se sienta frente al teclado por obligación. Por vencer la pereza. No había pereza, había miedo. Mi amigo Enrique me regaló este libro y las semanas fueron pasando entre angustia y esperas, entre pandemias y kilómetros. Hoy respiro y, aunque la química ayuda, tienes que ponerte en marcha. Seleccioné de la pila que nunca desciende unos cuantos, sabiendo que el de poesía iba a ser el que más costara leer, el que pidiera una y otra vez darle vueltas, doblar las hojas por abajo cuando un verso te impactara o un poema te marcara, doblando las hojas por arriba para seguir leyendo al día siguiente. Sin capítulos no hay orden. David Mayor publicó en el número 222 de Planeta Clandestino Poema de miedo, esperanza y felicidad en veintiséis partes. David escribe poco porque lee mucho. Pero cuando lo hace las tijeras son el abordaje de su poesía, como en aquel cartonero de David Giménez, minúsculo y polisémico. Aquella novela que era un poemario. David Mayor es un miembro de la familia Summers y presentó una vez con los zapatos de su padre. Cuando leo a David en este libro vuelvo a Julio Verne. David escribe Jules porque sabe de lo que habla -o escribe-. Yo pienso en el filósofo que lleva sus americanas a la tintorería con el cambio de temporada y espera encontrarse algún billete de veinte euros con el que pagar una ronda. El libro de David tiene algo de mapa del tesoro, de contrabando de té -hay mucho té en el libro, como un recuerdo a las compañías que surcaban el camino de las Indias-, aunque también, con las personas de verbo, podría trasladarnos a la Manila de Gil de Biedma, cambiando la bolsita por el tabaco. 



Un libro que atrapa los versos que sobrevuelan, que habla de la persona que uno no es o de la persona en la que uno ve que se ha convertido (“desde el lugar extraño que siempre es/vivir dos veces: tarde y temprano.”), hay un guiño rockero a cuando la vída era marrón y circulaba con la parsimonia de la resina a través de un canal de blues en Epitalamio (“Que tirar de las sábanas es tan antiguo como el mundo”), vuelvo a la locura de Janni Dakkar que recorre los fondos submarinos como si fueran montañas de locura (“El mar tiene laberintos dentro/que recuerdan el fracaso de los hombres”) y esa ondina que alimentó a la vez a Servando Carvallar e hizo callar a Antonio Luque (“El río trae el ruido de alguien/que llama a alguien”). David corrige y usa lápiz de punta afilada, mezcla el rojo con el negro, el tapiz con el que sueña se deshace cada vez que despierta y contempla la utopía también deshecha. Caminando como un poeta sin trabajo en un mundo steampunk (“Llueve como solo llueve en la literatura fantástica”), como si el último rapsoda fuera Paolo Bacigalupi y el amor y los poemas se midieran con créditos de la República -la de Palpatine, no se confundan-, y el arte un recuerdo que se conservara en los únicos museos permitidos, los de antropología (“vivir sabiéndol/debería ser el estado de las cosas”). Jean Luc Godard en Todo va bien, el cuaderno donde se conserva el amor antes de que arda. Un libro, este de David Mayor, que avisa de la distopía, que nos ayudará a salir de ella. Manual de instrucciones para un juego que solo habíamos visto en las estanterías.

Gracias al poeta y amigo Enrique Cebrián que me regaló este libro (todavía te debo uno)

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Reseña de No podrán de Erizo (autoeditado, 2019)


Siempre es motivo de alegría el nacimiento de una nueva banda en nuestra región, en este caso ellos son Erizo, un combo enérgico con buenas guitarras y una solvente sección rítmica que presenta un EP de cuatro temas para su debut. El comienzo con Destellos, juega con un desarrollo narcótico que te deja suspendido entre efluvios rítmicos y una bruma de todo lo épico que nos recuerda a lo más lacónico del sonido británico de los noventa. No podrán trae una descarga de electricidad de vieja escuela, con sabor añejo y lírica social, un tema directo que atrae con apetencia diabólica y puntual sadismo en los pedales. Erizo bebe también de grupos más cercanos en el tiempo, como la lírica alucinada de Vetusta Morla o el camino exigente de banda como Grises, en Pequeño saltamontes hay una apetitosa muestra de ello, la toxicidad del canto rodado. Para el cierre del EP, Antes de llegar, vuelve esa parte más ambiental, de desarrollo intenso que apuntaba el comienzo del tema, un terreno, el del medio tiempo especiado para estadios, en el que Erizo parece encontrar su ajuste mejor, valiente en la voz Juan Luis Erizo, sus guitarras tienen rigor y atrevimiento a partes iguales y la parte de la sección rítmica, con Francisco Javier Galindo en percusión y batería y Julio Ramos, son el colchón imprescindible para desarrollar un proyecto de estas características.

Erizo es una propuesta que recoge la tradición enérgica de las últimas décadas, con un buen manual de estilo y un sonido contundente que esperamos ver pronto en directo.

sábado, 14 de diciembre de 2019

Hotel Margot S02E03: Pequeño, veinte años.




De la reescritura de una obra que lleva al artista aragonés a ser un referente como compositor e intérprete de dos décadas fértiles en la historia de nuestra música. Nunca han estado las generaciones tan unidas y entrecruzadas, nunca tantas colaboraciones y muestras de respeto, canciones y más canciones. Y en el centro de todo, Enrique Bunbury. Su voz y sus canciones, su mirada sostenida a la tradición, su puño firme frente al progreso vacuo. Y todo comenzó antes de la llegada del huracán, en el sur, donde todo comienza. El paso cero: Aunque puede parecer un detalle sin importancia, una indiscreción fruto de un análisis superficial, está claro que el concepto de Pequeño, el proyecto más ambicioso hasta la fecha, un disco que sabía que iba provocar sensaciones encontradas en la compañía y en su público, comienza el día que Enrique Bunbury se vuelve dejar crecer el pelo. De tecnoboy bastardo de Ziggy Stardust a primer estadio preRaphaeliano.

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Eso y la salida de Alan Boguslavsky de su banda. Alan estaba inmerso en su proyecto Bogusflow. Alan llevaba con Enrique desde la grabación de Avalancha con Héroes del Silencio y su complicidad había sido absoluta en los últimos años, además de ser parte fundamental en la constitución del sonido de su primera banda solista. Para sustituirlo Bunbury se fija en uno músico lleno de recursos y una trayectoria reconocida dentro de la escena más subterránea de Aragón: Rafa Domínguez. Rafa había estado en grupos seminales de los ochenta junto a su amigo Sergio Algora, como Tras el Francés, pero su guitarra afilada en las grabaciones de INK le habían granjeado un merecido lugar como adelantado del sonido washington en España.Nadie sabía qué se traía Bunbury entre manos, su primer disco solista no había funcionado tan bien como él hubiera deseado y alguno  de los conciertos de la gira le habían dejado un sabor de boca agridulce, el viraje se imponia, pero nadie pensó que fuera a ser así: junto con Rafa  y el resto de los miembros de la banda con la que grabó y giró Radical Sonora, Bunbury entra a grabar las demos de los temas de Pequeño en los estudios 55 de Zaragoza.
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Es el momento de presentarlo a la compañía, también de las dudas, no saben si el público de Bunbury, que había tomado el viraje electrónico con una moderado recelo, iba a aprobar este salto mortal con canciones de lírica sencilla y que pedían arreglos orgánicos muy alejados de la electricidad habitual de su banda madre Héroes del Silencio. Pero Bunbury siempre ha sido un rebelde y no se iba a detener. Era eso o la nada. Y la compañía sabía que Bunbury tenía el toque, la magia que solo tienen los grandes. Para la grabación del disco se elige el Cortijo de Ronda, en Málaga. Es la primeravera de 1999. La banda base incluye a Rafa Domínguez, Copi en pianos y teclados, Del Morán en el bajo y Ramón Gacías como batería y asistente de producción. En aquel estudio, Tomás Mateos el mánager de Bunbury, se lo recomienda, habían grabado los Rodríguez, Joaquín Sabina o Bjorj. Un especial de la desaparecida cadena musical Sol Música nos permitió, con la guía del propio Bunbury, conocer algo de los entresijos de la grabación. Dos momentos rompedores, una sección de metales y una de cuerdas que grabaron arreglos en un buen número de temas y que dieron ese poso majestuoso e intenso, muy en la onda de Scott Walker o Camilo Sesto a los temas de Pequeño. En los créditos, colaboraciones como: Shuarma y Morti, vocalistas de Elefantes y El Fantástico Hombre Bala respectivamente, amigos de la de la escena aragonesa como el saxofonista de Justo Bagüeste (miembro de la banda de Corcobado y líder de IPD con los que Bunbury había girado con Radical Sonora), Jesús López (guitarrista y compositor de bandas como Club Eléctrico o Lágrimas de Mermelada pero que en aquellos momentos estaba con su proyecto Malamente, producido por el sello de Antonio Estación, EDS Sound Division, del que hablaremos más adelante) o la voz de Eva Amaral.Una de las más bellas es esta bulería al modo crooner donde aparece por primera vez la voz de Nuria Clavería, Solo si me perdonas

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Antes de la salida del disco como tal, en septiembre de 1999 aparece el primer single, El extranjero, en un formato que va a repetir con todos los temas promocionales del disco: una cara extraída del LP y unas caras b en forma de versiones o temas inéditos, auténticas golosinas para fans. El extranjero es un tema que no ha envejecido demasiado bien con el tiempo, pero hizo salivar a muchos de sus fans con una vuelta a los orígenes: se había terminado la electrónica y el blues, la copla y, sobre todo, la música mediterránea al modo francés de Francis Cabrel o el italiano Paolo Conte, rancheras y tango. El primer convierto de la gira, la primera vez que Bunbury sube con su material nuevo a los escenarios, es el 17 de septiembre de 1999, en la Sala La Industrial Copeña de Granada, dentro de la Gira  Generación Ñ que coordinaba la SGAE y junto a Bunbury tocan los argentinos Suarez y la mexicana Julieta Venegas. El concierto es retransmitido por Radio 3 y muchos nos pegamos al transistor en aquella época para saber cuál era el nuevo camino en el que Bunbury había decidido transitar: canciones de letras sencillas, emotivas, sin recargas líricas, con un distanciamiento emocional que rompían todo lo que había hecho hasta entonces. Entre las caras B de aquel maxi, la versión en estudio de El Jinete, un tema de José Alfredo Jiménez, que había sido registrada en las sesiones de Radical Sonora y con la que Bunbury terminó su fallido concierto de presentación como solista en el Príncipe Felipe unos años antes. Germinaba una de las malas semillas


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El 27 de septiembre y en formato digipack, con un estupendo diseño de Zona de Obras, aparece el disco. En el Heraldo de Aragón se descubre un pequeño secreto, Bunbury está ensayando a puerta cerrada en la Sala Oasis para preparar un nuevo repertorio que incluye algunos temas de su primer disco solista, temas de Pequeño y como apetitosa sorpresa Apuesta por el rockandroll. El tema de los Mas Birras tuvo el honor de ser el primer y único ajeno que los Héroes del Silencio grabaron nunca. Pero nunca lo tocaron en vivo, excepto en alguna prueba de sonido. Además había rumores de que Bunbury se había comprado sendos trajes, uno blanco y otro rojo en Gazo, una de las tiendas con más solera de la capital aragonesa, así que con ese material, esa estética y la incorporación a la banda base de metales y violines, con Ana Belén Estaje en el violín, Javier Iñigo trompeta y   Javier García en trombón más Luis Miguel Romero, todo tenía muy buena pinta:

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La apuesta sube para sus fans con el anuncio de la fecha de presentación del disco en Zaragoza. Sería el 10 de octubre de 1999 y lo acompañaba en el cartel otro grande de la época, Andrés Calamaro. La entrada mostraba a dos remedos de Dylan frente a frente, gafas oscuras frente a gafas oscuras. Calamaro presentaba Honestidad Brutal, con el gran Guille Martín a al guitarra y abriría el concierto para su amigo Enrique. Aquella noche cristaliza una nueva aristocracia en el rock español, porque el rock español había alcanzado su madurez, los solistas habían perdido el miedo, las canciones eran himnos y todo sonaba auténtico: por allí andaba Loquillo y Gabriel Sopeña entre bastidores, en el Jaime Urrutia. Urrutia, el mítico líder de Gabinete Caligari sube a cantar con Calamaro y luego con Enrique interpretan un clásico de Gabinete Caligari, de la época de Que dios reparta suerte, más dura será la caída, también una primeriza Eva Amaral, a la que Bunbury había producido una de sus primeras maquetas y que había grabado las voces de una de las canciones que se convertirían en básicas de su repertorio: El viento a favor.
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El Príncipe Felipe lleno hasta los topes, para el anecdotario, Andrés Calamaro demasiado extasiado por las circunstancias del momento fue incapaz de subir al escenario para un dueto que por otro lado sí que se produciría en televisión unos días más tarde, el 3 de noviembre (aunque la grabación del mismo se había producido unos días antes del concierto en Zaragoza), en el programa dirigido por Miguel Bosé de la televisión pública española, Séptimo de caballería, se emite un monográfico dedicado a Pequeño. Nuevos temas con la banda al completa y repetición de las colaboraciones del concierto en Zaragoza con el añadido de disfrutar, por fin, de Calamaro y Bunbury interpretando el tango de Luis César Amadori y Enrique Santos Discépolo, que en España, por cierto, ya habían grabado en su momento la banda de Enrique Bartrina, Malevaje. Aquel tango era Confesión y aquel dueto sonaba así:

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En aquella época eran habituales los discos piratas con colaboraciones o directos de Bunbury, muchos de sus fans atesorábamos aquellas golosinas, aunque su calidad sonora dejara en algunas ocasiones, mucho que desear. En las Navidades de aquel año 1999 Bunbury programa una serie de conciertos en la Sala Oásis, en un formato más íntimo. Iba a ser un regalo para su club de fans, pero las entredas se agotaron muy rápido. Corría el rumor de que el sonido de aquella banda, que pronto se bautizaría como El pequeño cabaret ambulante-en referencia, precisamente, a su estancia en la sala situada en la calle Boggiero de la capital aragonesa-era impresionante: un combo perfectamente engrasado y acompañado de violines, percusión y metales. De una fecha pasa a varias e incluso hace un parón para actuar a comienzos del año 2000 en el famoso festival Actual de Logroño para acudir a principios de febrero con sus fans a la sala Oasis. Aún guardo en una de las cajas fuerte del Hotel Margot alguna de aquellas entradas, la del 4 de febrero de 2000

Un tema como este Big Bang del primer disco de Bunbury, abandonado de cualquier ropaje electrónico, se convertía en un tema más propio del sonido filadelfia de los setenta. Aquellos conciertos también tuvieron invitados: Shuarma y Morti que sustituyen a Amaral en los coros de El viento a favor, el reencuentro de dos Héroes del Silenco sobre los escenarios, el batería Pedro Andreu, empuñado la guitarra, repiten una colaboración que se había producido unas semanas antes en México, revisando un tema de la banda de Pedro de entonces, Puravida y el clásico de Héroes del Silencio, Maldito Duende. La armónica que había grabado Pedro Andreu en Pequeño había servido para cerrar algunas heridas, y finalmente el jovencísimo Fernando Frisa, líder de Malamente, la banda por la que apostaba Antonio Estación, amigo íntimo de Bunbury, desde su sello EDS sound division, con él interpreta Apuesta  por el rock androll y un tema de Malamente, Para qué, su primer y único LP

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En aquella Navidad además de la aparición de un nuevo cd-maxi con el tema Infinito, una de las grandes canciones de Bunbury, quizá la mejor de aquel disco, contiene también un tema de Lennon, Whatching the wheels (habitual en zapadas de los héroes en las fiestas postconcierto con amigos), un tema incluido en la banda sonora de la película Shacky Carmine, Nada, dos inéditos y la aportación de Bunbury al disco Aragón territorio Electrónico. Para la crónica rosa recordar que aquella Navidad junto a su pareja de entonces, la periodista Nona Rubio, habían colocado un gran cartel en una de las avenidas principales de la ciudad, felicitando las Navidades al modo de John Lennon y Yoko Ono. El videoclip de Infinito tiene dos versiones, la primera en la que aparecen Shuarma y Morti más el desaparecido músico y periodista Germán Larone y otra, la llamada opción Garibaldi que hemos escuchado ahora, con la colaboración de un mariachi y la presencia de Julieta Venegas con su acordeón.


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El viento a favor aparece como single en Mayo con otra mezcolanza de caras B entre las que destacan una versión a piano y voz del Whobyfire de Leonard Cohen, versiones alternativas de temas conocidos y una improvisación sonora junto a Justo Bagüeste bajo el seudónimo IPD en la gira que compartieron con Manta Ray, en los restos de Radical Sonora. Por si no ha quedado claro es la época más hiperactiva y creativa de Bunbury, recuerda mucho al David Bowie de principios de los setenta, que no solo tenía tiempo para grabar sus propios temas, también para producir a otras bandas, como hiciera el camaleón con Lou Reed o Iggy Pop. En este caso, Bunbury había comenzado la producción del segundo disco de Malamente, pero desavenencias en la banda paralizan el proyecto y Enrique se mete a grabar como productor el disco Azul de Elefantes. A Elefantes los había conocido a través de Morti en un concierto en la desaparecida sala Morrissey de Zaragoza, presentado su irregular primer LP y junto a su banda en labores de producción e instrumentación graban Azul, el primer gran éxito de la banda catalana. El sonido remite ineludiblemente al Mediterráneo donde encuentran su referencia Bunbury y Shuarma e incluye joyas como este:

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Entre otras colaboraciones, Bunbury acompaña al Calamaro más tóxico en las grabación de El Salmón, grabando temas en el estudio portátil del argentino: temas como la Rumba del Perro o All you need is love (que servirán como introducción para Alicia en directo, junto con otras como La estatua del Jardín Botánico de Radio Futura o incluso sobreviviré de Mónica Naranjo), también participa en discos tributo a Serge Gainsbourg, Triana o Rubén Darío que coordina Zona de Obras. Pone la voz en el disco Tatuaje, homenaje a la copla, con el alma en los labios, graba canciones de Radio Futura o Tequila, que se combinan con el EP, El jinete, en el que se recopilan todos las versiones en estudio grabadas por Bunbury hasta la fecha, como este tributo a Triana
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El tema, el Jinete, una banda engrasada, graba en el DF, en el Distrito Federal, el primer disco en directo oficial de su carrera como solista, Pequeño Cabaret Ambulante que aparece el 17 de octubre de 2000. Destacan las versiones de los temas de Radical Sonora empapados de alma soul, como Big Bang, Salomé o Alicia, las versiones clásicas de Confesión o Apuesta por el rockandrol y versiones de Pequeño, como De Mayor, que sirve de anticipo al disco en otro EP previo.Un disco, Pequeño, que supuso un viraje estilístico, un salto al vacío que lo puso contra las cuerdas tanto con su discográfica como con su público habitual, que le hizo abandonar Europa para entregarse a los brazos de América, tanto del norte como del Sur, a sus raíces, que le hizo olvidar las letras ampulosas y componer desde la sencillez de los sentimientos, acompañado, por cierto, en algunos textos por el escritor aragonés Michel Royo...la gira dura hasta finales de 2000 por toda latinoamérica y volviendo a España, tocando en el Grec con Adria Puntí de invitado, parada en julio en Estados Unidos para tocar en Nueva York con Juan Perro... con la llegada del final de 2000 termina el ciclo de Pequeño. Bunbury decide retirarse y, armado de un teclado, una guitarra y un bajo prestado, marcha a la costa dorada para en la soledad del invierno, componer y maquetar el que sería su mejor disco como solista, Flamingos y la conversión de su banda en el Huracán ambulante. Pero esa, esa es otra historia. Pequeño es un disco sin duda para la historia, del que se han cumplido veinte años, hace poco se anunció la reedición del disco con todo lujo de extras (algunos de los que llevan circulando años entre sus fans) pero ya antes había generado un libro, Pequeño (el disco que salvó a Bunbury) una obra muy bien documentada que narra la génesis del LP y que, escrito por Josu Lapresa editó en 2014 Lengua de Trapo...también en libros como el de Pep Blay o Diván, editado por Zona de Obras en el 2000, escrito por Javier Losilla tras una larga conversación con el rockero zaragozano. También muy recientemente ha aparecido Bunbury, el mundo sobre el trapecio, que recoge la época inicial de la carrera en solitario del rockero aragonés, y que muestra algunas de las facetas que hemos tratado de contar en este Hotel Margot de hoy. De aquella gira el que les habla llegó a ver hasta cinco conciertos, cada uno era una fiesta, cada repertorio distinto, en una era de seminal internet los rumores seguían siendo el alimento y las dudas de Bunbury, sus miedos, el mejor combustible para sus canciones.

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lunes, 9 de diciembre de 2019

Hotel Margot S02E02: Gabriel Sopeña, electrificando los versos

La nueva entrega de Hotel Margot estuvo dedicada al poeta y compositor Gabriel Sopeña.


Podéis descargar desde aquí el programa en Aragón Radio.

Y aquí el guión al completo de la pieza.




Hoy abrimos las puertas de nuestro Hotel para recorrer la trayectoria vital y artística de uno de los más grandes creadores de nuestra región, el poeta y compositor Gabriel Sopeña. Nacido en Zaragoza, su presencia ha sido referente en las letras y la música de nuestra tierra desde comienzos de los años ochenta hasta la actualidad: el verano de 2019 presentó en Logroño, dentro de Agosto clandestino, su libro ‘Antología de canciones, 1983-2000’ editado por los riojanos 4 de agosto. Muchas serán las habitaciones que abriremos en esta ocasión: Ferrobós, El Frente, Mas Birras, Loquillo, Luis Alberto de Cuenca, Gil de Biedma, Ángel Guinda...palabras y música. Bienvenidos al Hotel Margot, bienvenidos a su estancia junto a Gabriel Sopeña



Nos situamos en la Zaragoza de comienzos de los ochenta. Gabriel Sopeña vive en el barrio de Casablanca y toca la guitarra junto a su amigo Mauricio Aznar para soportar los largos estíos zaragozanos. Sueñan con Bob Dylan y Jack Kerouac junto al Canal Imperial de Aragón. Eléctricas y acústicas, armónicas, voces, todo junto. Es el año 1979 y Sopeña monta su primera banda, Ferrobós. Formada por Jesús Trasobares (guitarra y segunda voz), Eduardo Jimeno (bajo), Sergio García (batería) y el propio Sopeña (guitarra y voz). Se presentan en 1982 al I Primer Concurso de Rock Ciudad de Zaragoza y ganan el primer premio ex aequo con Doctor Simón y los Enfermos mentales. La actuación en el desaparecido Rincón de Goya resulta un poco accidentada. Tomates incluidos para el cantante. En 1984 forman parte de la I Muestra de pop y rock y otros rollos, mítico punto de inicio de la modernidad musical en Aragón. Ferrobós tienen un sonido contunidente, herederos del mejor Springsteen y las bandas del nuevo rock americano. Plastifican su primer material en el año 1987, en el recopilatorio Monegros y también en el seminal Sangre Española, disco que toma el nombre el mítico programa presentado por Cachi en el canal 2 de Radio Zaragoza y en el que comparten surcos con Mas Birras, Proscritos, Furtivos y las Lágrimas de Mermelada de Jesús López. Allí aparece ya Si hay una guerra, Me das un minuto y la que quizá es su canción más conocida, Resaca.


El primer y único LP apareció en el año 1988 Círculo de Fuego, grabado por el Sello Interferencias en el año 1988. Poco tiempo después, Jesús Trasobares y Gabriel Sopeña disuelven la banda y emprenden nuevos caminos. Pero antes de eso volvemos unos años antes, volvemos a Mauricio Aznar, compañero de correrías y hermano en la vida de Sopeña. Mauricio forma Golden Zippers en 1981 y ya en los primeros singles de la banda, que practica un rockabilly de manual muy en la onda de Straycats o la movida de Barcelona, colabora Gabriel Sopeña. Pero cuando Mauricio decide ampliar horizones musicales y formar Mas Birras, pasando a la voz solista, Gabriel lo acompaña en la sombra, colaborando en la composición, en las voces y la armónica en directo y acudiendo al rescate en algún momento difícil posterior. Además de Sangre Española, los Mas Birras también graban temas en Los chicos de provincias somos así en 1986 y su primer EP, Al este del Moncayo en 1987 editado por el sello Interferencias: los temas Esa Chica Llamada Soledad u !Oh, Ana! Son compuestos en parte por Sopeña. En esas sesiones de grabación también se registra El próximo eres tú, con Sopeña en la voz solista. La aparición del tema en discos y recopilaciones, las fotos de la banda...siguen siendo sucesos con un halo de polémica. Pero nosotros estamos en Hotel Margot para disfrutar de la música. Y otro de los grandes temas del dúo Aznar&Sopeña, quizá el más famoso es este Apuesta por el rock and roll


En 1988 aparece Otra ronda de Mas Birras donde Sopaña adapta el Summertime Blues de Eddie Cochran (una constante en su obra posterior que le ha proporcionado alguna de sus canciones más conocidas), escribe Isabel y colabora en la composición de temas como Vuelta atrás o No voy a ningún sitio. Aunque el tema que dejará huella en ese disco es la adaptación del poema de José Luis Rodríguez García, Cass, que se convertirá en una canción mítica del repertorio de los Mas Birras y de Sopeña en solitario, además de conocer múltiples versiones de otros grupos y solistas. Más adelante escucharemos alguna de esas versiones. Seguimos ahora con el nuevo proyecto de Gabriel, El Frente. La banda busca un sonido clásico con letras cuidadas, dando espacio a la pasión de Sopeña cor los cantautores eléctricos. El Frente



El Frente es la continuación natural de Ferrobos, un Sopeña mucho más maduro, jugando con la lírica beat inspirada por el Eclesiastés, los metales y los violines que habían aparecido tímidamente en Ferrobos, encuentran su sitio natural bajo la batuta de un Sopeña mucho más confiado en sus posibilidades como compositor, arreglista y productor. Los dos discos publicados bajo el nombre de El Frente son puro Sopeña, un tipo que canta, toca la guitarra y compone con las ideas muy claras. Aparece en el año 1991 Otro lugar bajo el sol y al año siguiente Barcos. Las canciones pelean por entrar en las radiofórmulas e incluso temas como Un corazón como tú llega a la lista de los 40 principales. Recuperamos para este Hotel Margot una sentida versión desnuda de Un corazón como tú . Se trata de un concierto del año 1991 en la zaragozana sala Interferencias, donde grandes compositores e intérpretes de la época (Jorge Reverendo, Mauricio Aznar, Chema Fernández, Josu García, Iñaki de Green Apples o Froncho que estaba entonces en el Bosque y ahora tiene un nuevo proyecto Bandada Marina) tocan versiones y temas propios en un formato desnudo.


Prosigue la colaboración con Mas Birras a principios de los años noventa. Los Birras han fichado por Pasión, un sello madrileño, en la búsqueda de un salto cualitativo. En la Última traición, con Mauricio Aznar en la portada, han abandonado el purismo rockista para dar espacio a otras propuestas cercanas al rock latino o el folklore americano en toda su acepción. En aquel disco hay dos temas compuestos íntegramente por Sopeña como Perla Criolla y La telaraña, acompañando a Maurico en Sinsentido y la bellísima Hay una cruz en el Saso o en la adaptación de Besos dulces como la miel (de la banda The Weavers, donde estuvo Pete Seeger). La historia de Mas Birras en Madrid y la búsqueda del éxito tiene muchos clarososcuros, sobre todo por la situación emocional y física de Mauricio Aznar. Sus problemas para componer y cantar en tiempo y forma hacen que para el segundo y último disco con Pasión el resto de la banda tenga que echar mano de Sopeña en lo que podríamos considerar casi una operación rescate para el disco Tierra quemada, publicado en el año olímpico de 1992 y con producción de Tony Luz, ex de los Pekenikes y que había producido a los Rebeldes y a los Trogloditas. En la banda, por cierto, había entrado Josu García, un camino que continuará en paralelo, el de Josu y Sopeña hata la actualidad. El poso de Sopeña se nota, es el disco más intelectual y compacto de la banda: Promesas rotas, Loreto, Carne de Tren, Blues del hijo de dios o Para llegar a ti llevan en mayor o menor medida el sello de Sopeña:



Llegamos a un momento muy importante en la trayectoria de Sopeña como compositor, un punto de inflexión en su carrera: Altoaguirre, productor de El Frente lo es también de Loquillo y Trogloditas. En aquella época la banda de Barcelona está pasando un momento convulso, la salida-expulsión de su guitarrista y compositor Sabino Méndez ha dejado a Loquillo sin el hombre que lo había acompañado hasta el estrellato durante los años ochenta. Altoaguirre decide pasarle a Loquillo una cinta, una demo con algunos temas inéditos de Sopeña. El Loco elige uno de ellos, Brillar y Brillar que se convierte en un hit de la banda. Son los años de Hombres y aunque lo hemos conocido en la voz del rockero del Clot, vamos a escuchar esta versión original, la demo de Sopeña de Brillar y Brillar.


Sopeña en Hombres y, sobre todo, Mientras Respiremos, nutre a la banda de canciones, consiguiendo, además, con esas composiciones, un salto cualitativo en lo referente a la madurez de los Lps. En Tiempos asesinos aporta la magnífica Ciudad muerta y Compañeros de viaje, Loquillo canta Un fogonazo y Armando al amor en distintas bandas sonoras y caras B, la adaptación de El Hombre de Negro de Johny Cash se convierte en un éxito instantáneo que ensombrece otras adaptaciones magníficas que Sopeña ha realizado, como el No more heroes de los Strangles, Me and Bobby McGee de Kriss Kristofferson o Cocaine de Jackson Browne o Spanish Bombs de The Clash para la voz de Loquillo. Además es habitual en los discos de transición entre Sabino y el final de los Trogloditas que Sopeña ponga música a los textos de Loquillo en varios temas en cada LP. Pero no solo de rock vive el hombre, también de poesía. El final del Frente ha dejado a Sopeña con tiempo para dedicarse a otros proyectos, aparece su primer libro de poemas, La noche del Becerro en 1992 editado por Olifante y además acompaña en el viraje estilístico a Loquillo con la publicación de la Vida por delante en 1995, el primer disco de poetas. La vida por delante, un verso extraído del poema No volveré a ser joven de Gil de Biedma, incluye poeas de José Mateos, Antonio Gamoneda (bastante años antes de que le diera el Premio Nacional de Literatura) o de Cesare Pavese. También un texto extraído del poemario La noche del Becerro, Lisboa. Escuchamos la versión de Sopeña en un directo en Sos del Rey Católico, en el entorno del Festival Luna Lunera. Lisboa en la voz de Gabriel Sopeña



Aquel disco de poetas fue un éxito sorpresivo. Una gira nacional, actuaciones en televisión, quizá es el primer reconocimiento artístico de Gabriel Sopeña fuera de las fronteras de nuestra región. Aunque de nuevo, como pasó con Mas Birras, el poeta permanece en la sobra. La vida por delante es un disco de Sopeña en el que Loquillo se limita a poner su voz a los textos musicados por Sopeña, que se encarga de la producción, los arreglos y la dirección musical de un puñado de instrumentistas de altísimo nivel. El éxito hace que tras años más tarde el proyecto encuentre continuación en Con elegancia, editado por Picap. Con elegancia tiene un sonido más rockero, con adaptaciones de Jacques Brel, Vazquez Montalbán y Luis Alberto de Cuenca (detalle este importante para el futuro), entre otros. Otra maravilla, tanto si a uno le gusta el rock como si le gusta la poesía. Una insuficiente campaña promocional y una discográfica demasiado orientada al mercado cataloparlante hacen que el éxito no se repita, con problemas de distribución incluidos que hacen del disco una rareza hasta su reedición unos años después. Incluye maravillas como esta adaptación de La aurora de nueva york de Federico García Lorca, con las voces de Loquillo y la invitada de Luis Eduardo Aute.


Picap es la discográfica que publica Con elegancia de Loquillo, pero también es la responsable de la edición del primer disco en solitario propiamente dicho de Gabriel Sopeña. Mil kilómetros de sueños aparece en 1998 y resulta un disco ligeramente fallido. Promoción no adecuada (el mismo problema que tuvo el disco de poetas), presiones para que Gabriel vuelva a grabar sus canciones más conocidas con su voz (John Milner para Loquillo, Cass y Apuesta por el rockandroll de Mas Birras) dejando de lado los temas nuevos. De todos modos estas versiones no son simples copias de las originales, la incontinencia y voracidad de Sopeña lo llevan, en compañía de un puñado de músicos de primer nivel, de la escuela jazz rock de Barcelona (Jordi Pegenaute a la guitarra es un ejemplo...) a revisar los arreglos y la perspectiva de aquellos temas, dándoles un barniz completamente nuevo. De todas maneras también se incluyen una serie de canciones completamente inéditas, compuestas por Sopeña en los últimos años, que tanto melódica como líricamente rayan a la altura de cualquiera de los clásicos incluidos en el disco. Uno de esos clásicos que se ha mantenido en el repertorio de directo de Gabriel es este Armando al amor.





Con el final del siglo Sopeña entra en una espiral creativa completamente distinta, prodigándose poco en directo, entregando de manera regular canciones para Loquillo, produciendo a bandas como La Ley, Los Reverendos, El Bosque, pero sobre todo decicando tiempo a distintos proyectos corales en el que aporta composición y producción dejando textos y voces a distintos artistas seleccionados por él: en el año 1995 compone el disco-libro Universo en Ciernes sobre poemas de Mari Pau Domínguez y que cuenta con voces invitadas tan importantes como Miguel Ríos, Mauricio Aznar o Loquillo. En el 98 pone música a poetas latinoamericanas y españolas en el disco Orillas, textos de Magdalena Lasala, Alfonsina Storni o Gabriela Mistral. Las voces que lo acompañan son las de Ludmila Mercerón, Elena Rubio, María José Hernández y Carmen París. Además de para Loquillo hace canciones para María Creuza o María del Mar Bonet, damas de la canción contemporánea, toca en Nueva York, compone para el musical de Juana de Arco, también un libreto para José Sanchis Sinisterra, Misiles melódicos. Colabora con Dos Lunas, participa en los discos tributo a Elvis Presley y Jackson Browne y poco a poco comenzamos a verlo un poco más en directo, acompañando a la CAB (compañía aragonesa de Bluegrass) revisando el repertorio de Mas Birras o en conciertos benéficos. Pero el comienzo de siglo trae la noticia más triste, la muerte de su amigo y hermano Mauricio Aznar. Las canciones que habían vuelto a escribir juntos, los poemas de Mauricio...Zaragoza, Aragón está de luto, Sopeña había perdido a su hermano.


No es la única pérdida vital en el entorno de Gabriel, Guillermo Martín, un mito a la guitarra de nuestra historia musical, fallece en 2006. Hemos escuchado el directo Hermanos de sangre, con el que se despedían los Trogloditas y en el que Sopeña está presente en las voces junto a la guitarra de Guillermo. Con el comienzo de esta década parece que la promesa del nuevo disco de Sopeña en solitario está más cercano a convertirse en una realidad. En 2008 aparece Balmoral, el primer disco en solitario de Loquillo, con la impronta de Sopeña en el tema Cruzando el paraíso que Loquillo graba a dúo con Johny Hallyday o por supuesto hermanos de sangre o La vida es de los que arriesgan, con texto del poeta Juan Mari Montes, una pieza que tendrá largo recorrido en la carrera de Sopeña. Vuelve en 2011 a la actividad poética con Máquina fósil, editado por Olifante y ese mismo año y después de un largo tiempo de adaptación de los poemas a canciones aparece el tercer disco de poetas en la voz de Loquillo. Su nombre era el de todas las mujeres. Este disco será distinto a los dos anteriores: para empezar está dedicado únicamente a un escritor, Luis Alberto de Cuenca y por otro lado la producción y arreglos del mismo corren a cargo de la, por entonces, mano derecha de Loquillo, Jaime Stinus. El resultado es, como poco, irregular. La producción no se ajusta al tono de las letras y Stinus abusa de elementos no orgánicos. Las maquetas que graba Sopeña son un reflejo mucho más fiel de lo que podría haber sido un disco histórico que se quedó en un disco simplemente notable. Así que hoy, en Hotel Margot, escucharemos la materia prima de la que estaba hecho aquel sueño.



La década sigue avanzando y Sopeña sigue trabajando en canciones y canciones, maquetas y más maquetas, puliendo un repertorio que parece inagotable y que aparece en pequeñas gotas, tanto en directo: concierto en el patio de la Infanta de Zaragoza en 2010, en la sala Oasis en un concierto pro-Haití, abriendo para Loquillo en marzo de 2012...en 2014 aparece un disco de Olga y los Ministriles, Es a veces amar, compuesto por Sopeña sobre 11 poemas de autores aragoneses, como Ángel Guinda, Antón Castro o el desaparecido Antonio Pérez Morte. Ese mismo año adapta el Spanish Bombs de The Clash para ser interpretado por Loquillo en su disco en directo El Creyente, grabado en Granada, un directo en el que ya aparece a la guitarra Josu García, aquel joven muchacho que había sido parte fundamental de la última época de Mas Birras. Josu entre en la banda de Loquillo como guitarra y en los discos siguientes ejercerá también la producción, cosa que se notará sobre todo en el magnífico Viento del este donde gracias a la conexión artística y emocional entre Josu y Gabriel las canciones que aporta Sopeña al disco vuelven al lugar que se merecen. Por ejemplo este Las ventajas de perderte


En el año 2017 por fin aparece el segundo disco en solitario de Gabriel Sopeña. Sangre Sierra. Producido como hemos comentado por Josu García y con colaboraciones como las de Enrique Bunbury, Ramón Arroyo de los Secretos o Loquillo, el disco mezcla clásicos de siempre (Cass, Apuesta por el rockandroll, «Yo y Bobby McGee») con canciones solo conocidas por maquetas o directos e incluso alguna compuesta en los meses previos a la grabación del disco. “Veinte años junto a la frontera esperando que floreciera la sangre entre los muros y ahora el Mago ha vuelto y trae una pluma en su sombrero. Sangre Sierra es un disco magnífico, denso como un alcohol que se degusta despacio, de semántica exigente y regusto clásico: guitarras crujientes, órganos que rumian bajo el pellizco del desierto y ese violín que siempre nos devuelve a los romances perdidos en Durango. Gabriel Sopeña: delineante de mapas imposibles plenos de ternura pero también de desarraigo”.


Sopeña monta una banda para la grabación y directo en la que hay nombres como Jorge Gascón, Roberto Montañéz, Guillermo Mata o Laurent Castagnet, más gente como El Niño Bruno o Begoña Larrañaga, mítico acordeón de los Problemas de Enrique Urquijo. El concierto en las Armas de Zaragoza en junio de 2017 sirve para presentar el disco y el repertorio incluye clásicos y temas recientes, momentos de toda su trayectoria, un auténtico festín para sus seguidores. El mejor Sopeña, el más maduro ha vuelto. La síntesis de toda una vida en un puñado de canciones.





Después del final de su programa de televisión Canal Saturno sigue con distintos proyectos en mente, además de ser profesor de Historia Antigua en la Universidad de Zaragoza y vicedecano de la misma en lo referente a asuntos culturales. Sopeña ha presentado recientemente un libro con sus canciones, prepara un nuevo disco de poemas para Loquillo, en este caso dedicado a Julio Martínez Mesanza , en el último disco de canciones de Loquillo es parte de la nómina de compositores junto a Leiva, Santi Balmes de Love of Lesbian o Marc Ros de Sidonie. Seguro que cuando abramos las puertas de este Hotel Margot ya nos habremos quedado atrasados siguiendo la carrera creativa de Sopeña, un chico de Casablanca que jugaba con su amigo Mauricio a ser cantores de la vida. Un verdadero placer este Hotel Margot dedicado a Gabriel Sopeña, espero que lo hayan disfrutado.