lunes, 9 de enero de 2023

Algunas palabras sobre El maestro de Furillo (Autsider comics, 2022)

 

Éramos jóvenes, éramos tóxicos, leíamos el TMO, leíamos el monográfico. La escatología es parte de la adolescencia tardía. El desapego por lo establecido la costra de punk que nos queda. No hay antisistema peor que el que sigue dentro del mismo. Por eso tú que lees esto y yo, que soy funcionario, y el Maestro, que se resiste a cambiar sus hábitos, somos la resistencia en una revuelta perdida. No prenderemos fuego a nada, evitaremos la bondad, ensuciaremos la existencia. El Maestro de Furillo es un catálogo represión deslizante, una bocanada pútrida de remiendos, una sociedad que huele a cloaca... pero quizá por eso nos gusta, porque nos recuerda cómo nos escondíamos a leer el Jueves cuando aún era el Jueves. 


Desastres e intolerantes, enfermedad y enfermos, parásitos, ETS, obesidad, muertos de hambre, El Gran Vázquez pasado por William S Burroughs, un tipo atemporal que solo deja escapar un momento su salvaje aliento para avistar lo cotidiano en la masacre del COVID. Allí, donde no hay escapatoria, solo queda esperar con los placeres de la vida, con la sangría de los humores más básicos. Si contienes la arcada te ríes, si no la contienes has perdido, pero tranquilo, esto no es un concurso, es haber estado en el lugar donde la navaja agrietaba el cerebelo y lo convertía en un zancocho de vísceras servido con tomate frito caducado y pan enmohecido. Carta blanca, más bien, carta verde por los hongos que la habitan. Es historia de nuestros tebeos. Es nuestra historia. 

Lo puedes comprar aquí o aquí o donde te pase por las narices. 


viernes, 7 de mayo de 2021

Lázarus, el ángel que quiso ser payaso (concierto Teatro de las Esquinas, 7 de mayo de 2021)

 


FOTO de Jaime Oriz

Antes de la aparición de Lázarus en el escenario del Teatro de las Esquinas, Virginia Canedo y Anazul debutaron en directo tras publicar varias singles de manera digital. Acompañados a la guitarra por Eduardo Galán aka Draco, conjugaron bases electrónicas con una voz superdotada y el añadido sapiencial de las seis cuerdas, colorista aportación que nos recordó a proyectos como Thievery Corporation o la parte más tropicalista de Stereolab.


La espera se había hecho larga, como todas las esperas. Lo demás es confusión y sorpresa. Por eso cuando Luis Cebrián apareció en el escenario, vestido de negro, parapetado con una guitarra acústica de color alma, el tiempo se detuvo. Por el aire surcaban flechas que se detenían a su alrededor. Era Jacques Brel volviendo de Las Marquesas, era Sam Shepard recién bajado de un vagón de la línea Zaragoza-Canfranc. Era Lázarus, la encarnación enésima y definitiva de Luis Cebrián. Aunando pasado, presente y futuro, solo con el sonido del nylon y la rítmica emocional de arrancarse la nariz roja de Lenny Bruce, atacó un viejo tema de Nubosidad Variable, Pasayo de su LP “Futuro Perfecto” que comienza con “He dejado de ser una larva y me he convertido en el gusano que ves”, y que fue como el tránsito hacia a esa zona donde la muerte se mezcla con los sueños, recordándonos que, con los años, tuvimos que devolver las pieles que no nos cabían. Terminó con un fragmento de otro de tema de Nubosidad Variable, En memoria del esquimal, parecía Germán Coppini visitando con Nacho Cano el lugar donde las trompetas tumbarán las puertas de los palacios de cristal. “Danzad, danzad, hadas, tengo sidral y diazepam para todas”. Fue la última vez, te lo prometo, antes de entonar uno de los primeros temas del proyecto Lázarus, Déjame subir, una polaroid concreta del tiempo que todos pasamos en el motor de un autobús, confundiendo la química con el amor y el cariño con las pieles que nos dejaban huir del invierno. El frío se funde cuando sale a escena Anazul que regala unas líneas de melódica para decorar Congelados, otro de los temas que mejor resumen la puesta en escena de Lázarus, el hombre que permaneció en un bloque de hielo mientras sus demonios arañaban desde fuera, esperando el momento para ofrecer su ternura musical al mundo. La guitarra en primer plano, con el fraseo de uno de esos destornilladores de la noche que reinaron cuando los noventa morían (elijan entre Fernando Alfaro, Javier Corcobado o el primer Nacho Vegas). La elegancia de un hombre solo, micro y acústica por línea es comparable a la valentía de un vocalista al frente de una banda tan potente como la que le acompañó en los temas finales: Suso Lasso en la guitarra solista, Raúl Baquedano en el bajo, Daniel Becerril en las percusiones y la vuelta de Daniel Cebollada, viejo compinche en aventuras como Nubosidad Variable o Louisiana. Cuando comenzaron los primeros acordes de Crisálida el Teatro de las Esquinas entró catarsis, solo unos compases antes de que la voz segara las penas y prendiera los mejores recuerdos, las chispas de los cables, los matices percusivos de Daniel Becerril, la sección rítmica orgánica y desafiante...todo era una burbuja de rock en marmita atemporal. Crisálida es un tema confesional, un tema que sabe a una ciudad que se acabó, a un tiempo que decidimos quemar para salir reforzados. El siguiente tema contó con la presencia de Elem como segunda voz y teclados. Cuando uno ya no pensaba que podría mejorarse el sonido, Elem añadió unos matices muy a lo Mike Garson al sonido de la banda, demostrando una pericia que mezcla lo intuitivo con lo reglado, capaz de llevarse llevar y acoplarse a la manera de un Billy Preston pasado de noches y tabernas mientras la voz sostiene con cierta inocencia a Lázarus. Issa comienza con la fuerza de la guitarra y la voz y cuando la banda lleva el sonido hacia un estadio superior, donde se aprecia la magnífica letra del tema, llena de dobles sentidos y que demuestra la maestría semántica de Luis Cebrián. Aquí es cuando llegaron las lágrimas, con la pandereta, con el “Pero solo quedó en eso/solo quedó en todo/todo quedó en nada/nada porque hay agua”, con la garganta de Luis Cebrián a la altura de los acólitos de Richard Hawley. Es una canción, “Issa”, que funciona a todos los niveles, desde el humo de una cocina de madrugada hasta el escenario de un café-cantante. Los días anteriores al estreno de Lázarus en directo llegaba la grabación en estudio de Gracias por todo, quizá el tema que más lo emparenta con el autor de “La gran broma final” con más coherencia pero menos capacidad mediática. Con esa capacidad de autoparodia “incluso por el día que casi conozco a Bono” que emparenta con los devotos de la religión de los Panero, con un piano y una percusión monótona velvetiana que se transforma en acidez de las dos dulces mujeres: Kane y Jane. Lázarus es un proyecto que tiene tantos niveles a nivel de escucha y lírica que resulta imposible diseccionar y es mejor disfrutar el hechizo completo, las voces, las palmas y la distorsión...el cierre, como no, una versión con banda de un tema mítico, Órbita de Nubosidad Variable, un tema que ELEM ha llevado a su terreno en una reciente grabación y que en este caso funcionó con un dueto que iba más allá de la distancia tonal y entraba en al generacional. Órbita es heredera, como muchas otras cosas, de la inocencia lunar, de los tiempos sin más redes que las de los circos ni más amigos que los que podías abrazar todos los días y por eso es perfecta muestra de la capacidad melódica de un combo que pudo haber reinado y que prefirió la amistad al fracaso con retardo. Decía el viejo Bob, “Debe haber una forma de salir de aquí/le dijo el payaso al ladrón”. En este caso, no sé quién era el ladrón y quién el payaso. Pero está claro que la tormenta fue perfecta.

sábado, 13 de marzo de 2021

Celebración del trance profano de Les conches velasques (Repetidor, 2021)

 

Les Conches Velasques presentan su segundo LP, “Celebración del trance profano”, una impactante sucesión de mañanas con sabor a pólvora y temblequera programada. Virus que anima el limbo donde el cante se reparte entre la voz de sangre de Pete Simonelli y el sitar de Gualberto. “Cosas de usar” es la repetición curso tras curso, mano tras mano de una edición de Cátedra que sobrevive al reciclaje en una planta de papel que intoxica de cal blanca el alma de los ángeles. Un califato de sonido acompasado para oídos preparados y que de palmas los huesos quedan descubiertos, como una cabalgata con un loco doctor que busca una tormenta donde conectar su gólem. La electricidad de “Fluorescencia” es fractal, se repite como capas de luciérnagas mutadas en una distopía olvidada en los libros de historia. El acorde repetido tiene algo de lamento, de laberinto sin asfaltar, donde el animal lleva los cuerpos de tauro remendados. La neurosis es afonía de niñas desangradas por el sporothrix que se enamoró de su corazón y avanzó por sus venas hasta llegar al lugar donde el sexo se mezcla con la melodía: es una “Emergencia” en el cielo cuesta distinguir el temblor de las visiones de la epilepsia del amor. Quiebra y quiebra de nylon al electrón somatiza la muerte. En el interior se condensan los versos y como versos fallidos gotean sobre los riñones. Nadie encuentra calma en el “Laurel”, resina y exceso de mar, como en una procesión pagana donde todo el mundo pregunta, clavándose agujas, ¿Qué es eso que reluce? En "W" hay algo de esa abstracción melódica de los primeros tiempos de El Hombre Burbuja, quebrado el tiempo de los valientes, la repetición de una grabadora: golpe de traste y el día como círculo del tiempo, el vaso como espejo de la sed...la obscena variedad de elementos de percusión que abrazan la voz convierten los temas en una dualidad onda-corpúsculo que deja los vinilos como arcillosos elementos del futuro frente a un Cubo de Leslie mientras uno imagina a Dewan Motihar sampleando la voz de Enrique Morente para fundirla con las manos. Lengua y vida, que la muerte es algo que solamente deja suciedad en el exceso y freno a los mares. "Mahmouna" es un viaje de piedra negra, desolado e inerte, de palmas que agrietan desiertos. El final con “Geografía”, nos llevas desde la Catania de Uzeda hasta una cierta deformación de granítico folklore aragonés, cuerdas de bajo y acordes al aire para ver cómo la nieve arde, tierra que de sangre sigue sedienta, como en una rabaleda del Tuerto de las Tenerías.




Hace décadas que nada me había impactado tanto. Desde Sr.Chinarro envasando óperas o la JR amamantando cadáveres de adictos a botellitas de anís, la absenta que destila Les conches velasques tiene parte de menta y parte de ajenjo, es una amalgama de rítmicas que piden paganismo al que reza y fe al que nunca ha rezado. La vida del que vive es una vida distinta. De lagartos que vienen por la noche a devorar a los hombres que no sueñan.

domingo, 17 de enero de 2021

Las canciones de LUX, entre la pista de baile y el sacrificio sintético

 

En Lux hay una mezcla de los Cocteau Twins más tóxicos con ese aullido de la Magdalena que Nacho Serrano, productor, conoció en su época de rumba. La manera en la que las palabras se escupen saben a sangre porque tienen acordes de cuchillas, tienen formateos y fraseos herencia de PXXR GVNG cuando comenzaba su viaje a Islamabad. Como si la vida fuera una mixtape, cada percusión tiene algo de síntesis y algo de orgánico, algo de enfermedad y de placebo, adicción a la Merca-donna, a nuestra Señora del Cierzo, a las guitarras eléctricas, a las preguntas que su erupción pero también hay cromosomas salvajes que demuestran que la medusa de Annie Lennox se puede modernizar. Música para una replicante a la que cargaron los recuerdos de Donna Summer y le redujeron la rítmica del corazón al pitch más bajo de vocoder. En otros momentos es como volver al instante en el que Kylie Minogue le sostuvo la mirada a Nick Cave y se dejó implantar una mala semilla sin dejar de bailar un solo instante. Entre la brillantina y la sangre, la pista de baile se queda lista para un arrebato que nos permita reconciliarnos con las sacerdotisas de Baal. Puede que Lux sea lo más excitante que la ha pasado a la escena aragonesa desde que Will Spector y Los Fatus grabaron la maqueta de “La vuelta a casa”

Desde el Interior, más estramonio y hiedra venenosa, bombo a negras, por favor.

Más música en su canal de Youtube

Soundcloud de Lux


lunes, 11 de enero de 2021

Mis discos favoritos de 2020

 


Un año extraño. Sin conciertos los artistas han bajado en cuanto a producciones. Se nota que la salida de los discos ya está cada vez más relacionada con la posibilidad de presentarlos en directo. Por otro lado está el caso de Enrique Bunbury que ha roto como es habitual todos los esquemas para editar hasta dos discos en 365 días. La realidad es que Enrique Bunbury no ha sacado un disco bueno desde hace una década. De todos modos, profundizando, siguiendo, escuchando, mi lista de este año se completa:


Mirada al pasado de Hombre Lobo (editado por AUUU!!! Records,2020) Un trabajo cocinado a fuego lento que ha su puesto la vuelta de Alex Mariona (la voz y principal compositor de Estige) acompañado por Ricardo Ponce (AKA Dj Räro, ex-Lousiana, Nubosidad Variable y Experimentos in da notte una temporada) que aporta las bases electrónicas. Una producción preciosista y evocadora donde los ambientes funcionan como perfecto sostén para la dotada voz de Alex. Clásicos que se reinventan.


Vida EP de Stabilito (Autoeditado, 2020) Así uno se acerca a un disco final que es un principio, a una muda primordial como es esta Vida de Stabilito. En tiempos de concentración y usura emocional, se agradece una reflexión en cuanto a arreglos y voces. Stabilito es un producto de su época, de una época posterior a los noventa, una época en la que todo volvía a parecer ordenado y entonces la exigencia se convirtió en un problema y la originalidad ya no servía como bandera. Con este EP la banda cierra su trayectoria pero se multiplica en otras propuestas.


3.-Infinito tripular de In Materia (Autoeditado, 2020): In materia nunca decepcionan, son capaces de generar atmósferas sobresalientes, sus textos son originales, en su forma de grabar tienen un gusto fuera de lo normal por estos lares. ¿no hay hits absolutos? ¿Quién los quiere hoy en día? Yo solo quiero que el trabajo esté bien hecho y, aunque solo sea por un instante me emocione.


4.-Amor Olímpico EP +DEP los Crápulas single de Mediapunta (Sonido Muchacho,2020) La banda anteriormente conocida como el Gol de Nayim ha comenzado una mutación que los emparenta con Carolina Durante, los Nikis, comos unos Cramps maños, buscan diversión y en unos años, con un poco más de madurez, puede que sean capaces de sacar el ADN psicodélico maño que corre por sus venas.


5.- Teoremas de la Máquina de Turing (Autoeditado, 2020)

6.-Manifest y Arena EP´s de Pablo Malatesta (Autoeditado, 2020)

7.-MECANISMO UNIVERSAL de MECANISMO DE KOZAI (Autoeditado 2020)

8.-(The first/The other) de The Biomechanical Toy (Autoeditado,2020)


No quiero olvidar el material de Erin Memento, Lorién Vicente y Erizo que aparecieron a finales del año 2019 y no pude reseñarlo en condiciones. Tampoco olviden un recopilatorio, como el Twangzine de los Twangs, que entre su fanzine y su recopilatorio de rarezas...Finalmente me gustaría destacar la labor de Madmua Records en esa trayectoria de recuperar algunos de los proyectos paralelos de Sergio Algora, que comenzó con las grabaciones de Cangrejus, que el año pasado siguió con la propuesta de tecnopop Tras el francés (ya con Rafa Domínguez y que la masterización ha hecho que la recuperación del sonido lo ponga a la altura de lo que prometían) y el single que ha aparecido hace pocas fechas con Los Indios Mic-Mac (un tema que grabó para el disco solista de Patacho Recio, ex-guitarra de Glutamato Ye-yé) en la cara A y una versión acústica de The Smiths, Chicas mejores que otras que grabó con una parte de la Costa Brava para una de las mixtapes del fanzine Confesiones de Margot y había permanecido inédito más de quince años.


Y el bandcamp de Niños del Brasil, sobre todo si no te hiciste con las grabaciones de Santi Rex y sus colaboraciones, canela fina.

Reseña de Infinito tripular de In Materia (Autoeditado, 2020)

 


Cerramos el año con uno de los discos que se me pasó por alto debido a la distopía pandémica, un disco de una de las bandas que he tratado de seguir desde el comienzo de su trayectoria por suponer un caso especial en cuanto a sonido y letras en la escena aragonesa. Hoy, 11 de enero, me lanzo al abordaje este disco de geometrías no euclídeas, de la hipotenusa de una triángulo equilátero de cateto igual a uno. Por eso 'Nunca más de dos' es una buena manera de comenzar. Se abre con actitud sintética, como una banda residente en los barrios bajos de una Zaragoza cyberpunk donde beben los replicantes y mueren los morlocks. Su base, sus guitarras, los sintetizadores, los coros afónicos, todo mastica las neuronas y nos hace enchufar en el puerto del esternón una dosis de láudano. 'Luna 3' tiene una rítmica futurista que se deja llevar por guitarras punzantes, me gusta lo bien estratificada que uno puede encontrar las distintas partes de los temas siempre que escucha a In Materia. Juegan con referentes clásicos de ciencia ficción íntima, entre Bowie y el Spinetta que sueña con el capitán Beto. La originalidad en los textos de In Materia siempre ha sido uno de sus puntos fuertes. No buscan una forzada intelectualidad, pero funcionan muy bien por fraseo que se le imprime hasta a la más sencillas de las estrofas; escuchamos 'Huir no sé' y todo parece funcionar, tanto por la conjunción vocal como con esa manera de llevarnos un punto más allá de la típica jerga arreglista de la penúltima ola española, esa que ya ha se ha incorporado al neocanon de nuestra música (Vetusta Morla, Niños Mutantes o Maga). A veces si nos olvida que muchos de los miembros de In materia estaban antes de que Pucho le diera por tocar la pandereta. Pero estamos hablando de Infinito tripular y su riqueza estética, el comienzo de 'Bicivoladores' mezcla el experimentalismo del satánico Doctor Cádillac con la epiléptica energía de aquel proyecto 'El Polaco' que nos rompió la cabeza a muchos al final de los noventa -y, repito, In Materia, con otras máscaras, ya estaba allí-. Que puedas bailar con unos cascos enchufados a un ordenador que se está quedando viejo es que algo funciona bien en la sección rítmica de un tema. De nuevo con 'Miedo a ganar' nos encontramos con una fuerza percusiva que atrae la oscuridad y la fuerza confesional resulta nutritiva, si antes bailábamos ahora estamos sobre unas tablas viendo como “las ondeantes ciudades humanas navega el apocalipsis” o cómo Ulises se ha soltado de los nudos y electricidad mediante nada desesperado al abismo de belleza y colmillos de las sirenas. 'Mistral' juega de nuevo con una base que sorprende, con las guitarras que son mordiscos y esos juegos de voces que parecen construir un mantra emocional. Quizá con 'Matando lobos' me encuentro con un momento que me suena a repetido, no sé si es referente o autoimitación, réplica o lugar común. De todos modos hablamos de un tema que sigue siendo notable pero el final sobrecarga mi paladar. Para terminar, con gusto y buen hacer, “Coda”, funciona como lo que es, el cierre circular, esa sombra, esas motas que aparecen al encender y apagar la luz de la lámpara. No más. Tú y yo contra el mundo. Ocho temas. Una destilado puro, un alambique pop que permite volver una y otra vez a escuchar a In Materia.

In materia nunca decepcionan, son capaces de generar atmósferas sobresalientes, sus textos son originales, en su forma de grabar tienen un gusto fuera de lo normal por estos lares. ¿Que no hay hits absolutos? ¿Quién los quiere hoy en día? Yo solo quiero que el trabajo esté bien hecho y, aunque solo sea por un instante me emocione.


Otras reseñas sobre In Materia

Navegando al cuadrado de 2014

Crónica de un concierto en la Ley Seca de hace nueve años...

EP del año 2011

domingo, 27 de diciembre de 2020

Reseña de SINGLE (The first/The other) de The Biomechanical Toy (Autoeditado,2020)


 

Termina el año de la distopía. Primero y segundo de ciencia-ficción aprobadas, dentro de veinte años alguien te preguntará qué es esa marca en forma de cruz que tienes al comienzo del brazo. Seremos divinidades atrapadas por el pasado, por los dos veintes repetidos. Como nuestros progenitores, como nuestras mujeres, algunos en doblete vírico. Por limpieza y respeto simularemos ser felices, tendremos juguetes que se implantarán a través de puertos y sensaciones agridulces en función de la limpieza de la zona de conexión. David Albalá, el hombre tras el proyecto The Biomechanical Toy es un veterano de la escena aragonesa: estuvo en el filo, cuando lo analógico y lo digital convivían, cuando subir fotos costaba más que revelarlas en sótanos inmundos o descargar un mp3 podría ser el tiempo necesario para componer la banda sonora de la mayor resaca de tu vida. Ahí, en el recuerdo del mar imposible de la ciudad de Zaragoza, bajista de carácter, experimentador de efluvios sintéticos, entrega dos temas donde podemos reconocer el gusto por la melodía y la superposición, el zumbido indeleble, las programaciones euclídeas que desalojan las discotecas ochenteras con las que soñábamos al ver la Bola de Cristal. Sonar orgánico utilizando máquinas es un ejercicio de habilidad al alcance de muy pocos, y es esa hibridación lo que hace más delicioso el proceso de escucha de The first, que tiene guiños a esa manera étnica de compensar la cibernética, como si en la noche se juntaran Erich Von Däniken y Daniel Melero a pinchar. El segundo tema, The other, arroja una vertiente más caústica, de una ceniza oscura que se ha consumido una y otra vez, pasta base de Peter Baumann, con ese piano que simula lágrimas que, como pintura seca, impregnan los recuerdos del Muro. Dos temas que dejan con ganas de seguir escuchando este proyecto de elegante factura, construido sobre la compleja capacidad de evocación que tiene la música electrónica.


Aquí está su web

Y se puede escuchar desde el blog amigo tecnopopymasAragon

sábado, 26 de diciembre de 2020

Bric-à-brac de Javier Aquilué (La Casa Amarilla, Zaragoza)

 



La exposición de Javier Aquilué durará desde el 21 de diciembre, 2020 hasta el 20 de febrero de 2021. La galería La Casa Amarilla está situada en la siguiente dirección y su página web dedicada a la exposición es esta 

Todo lo que lean a continuación es una interpretación distópica y emocional, en un momento vital devastado, de un devoto de la obra de Javier Aquilué tratando de utilizar sus cuadros para luchar contra el carácter gordiano de su propia vida. 

EL RITO_La mañana alisa el collage y lo convierte en una sucesión de pegatinas sobre fondo rojo. Personas que olvidan lo que soñaron, que sueñan con lo que vendrá doce horas más tarde, que hacen del aburrimiento un arte. ¡Qué exigente es la anatomía que obliga a vivir en oscuridad el tiempo del bostezo! Cotillea un instante único el hombre, el autor, el pintor. Polaroid de distancia ordinaria. 


BALTASAR_Tabaco negro, como Kevin Magee, /como el falso Baltasar en la cabalgata de Reyes, /duro y directo a los dientes. /Le das fuego a la vida,/hasta que te hace arder, carbón,/ negro como el Rey Baltasar,/ como Kevin Magee,/negro. Como Ortega-Cano, como Javier Aquilué. 


EL DEDO EN LA LLAGA_Ese niño en leche nutricia, en chamanismo del desarrollismo, en el curasana hipnótico de una Janine Darcey, el niño es un prototipo de drugo, alisado su cerebro por sofá y pared, esperanza de calcio artificial en contraste fotográfico.


FOSFENOS_Acariciamos los días como el sol nos acaricia las conversaciones, las voces que mutan en el aire de una terraza, distorsiona en la mínima radiación hasta que nos atragantamos de ayuda. Las furias realizando una entrevista de trabajo mientras se desparrama un confetti de pájaros, Altea disfruta del barro tal vez, cocido al fuego de lo útil, como una navaja que desgarra un corazón y lo automatiza. 


ESPIRITISMO_Ya hablé de ouijas antes. Planteamiento, nudo y desenlace es la estructura definida para saciar los instintos. Como en el cuadro donde uno se esconde, la forma invisible es más terrible que la que se ve. Lo instintivo, el terror tras las cortinas echadas en los edificios-colmena de Budapest, las hermanas Fox haciendo puntos para la bolsa de trabajo en las oposiciones a exorcista del Vaticano. (Y EL DUNDE DEL HORNILLO VISITANDO TU EXPOSICIÓN, AQUILUÉ, QUE TE CUENTE LA HISTORIA LA RESPONSABLE DE LA CASA AMARILLA). 





GERÓNIMO_Nikolái Roerich afeitado y caminando por Salou en busca de habitantes para sus manifiestos angelicales. No tiene lugar para esconder las alas, insertadas en el moreno cetrino de la desvergüenza. Fieltro y mascarilla. Mascarilla de acción quirúrgica, mascarilla que en su azul compite con el cielo. Hay algo de retador y apocalíptico en la instantánea, de supervivencia básica. Todos somos jóvenes castores postmodernos en un mundo que se ha convertido en una novela de Ballard. 




LOS INQUILINOS_ Ciertos retos son como un ouija sobre grafito, Simón Bolívar está listo del bocho y Franz tiene picores entomológicos, Ricky se va ayudado por las pastillas porque sueña con un país donde reparten boletos hacia un destino en la marina, menos mal que sin boca todos podemos volver a ser delgados o serlo por primera vez y soñar con una juventud que siempre, siempre se va. 


LA CASA MAGNÉTICA_Coney Island junto al parque Grande en Zaragoza, Corazón de Espoz y Mina, ese descenso al círculo de la fortuna, bailarina de la vida, cualquier cálculo arroja una inexactitud euclídea que haría estremecer al mismo Galois unas horas antes del duelo que le llevará a la muerte. Telgopor y viejas mascarillas por el suelo, de los tiempos en los que nadie veía nuestras bocas, inquilinos que se han trasladado hasta esta casa.




UN BUEN CONSEJO A TRAVÉS DE LOS AÑOS (_No digital found_404_) FILM En aquella película de Cronenberg entraron por accidente Ziggy Stardust, Buster Keaton y el puro consumido de Groucho Marx. La mosca impregnó como el Santo Sudario que hay en Campillo de Aragón, el pueblo que separa Castilla de Aragón, el pueblo más alto de la frontera. LA SESIÓN Casa en blanco y negro, un circo sin atracciones, el conejo de la suerte, jugar a la pocha con la vida de tu hijo, ¿te conté que una vez Ramón Acín me susurró en sueños que sus pajaritas estaban llenas de piedra y que nunca podrían volar?


Bonus Track: PINTURA DE HISTORIA III_Hay gritos que desgarran el tiempo y lo vuelven del revés, chirucas que tornan en Shoggoth bajo el influjo del estramonio especial que crece en Caldearenas. 



HOMBRE MORDIDO POR SU GATO_ Acostumbrado al clima continental Aquilué místico, en estampa casi devocional, se deja morder por el gato que Edgard Allan Poe regaló a Ambrose Bierce. Noche en la antigua casa Hasta-Aquilué, el gato sobre la cama, en la ropa, en los bolsillos de aquellos trajes guardamos suficientes denarios como para pagar la siguiente cuota del teléfono móvil. (COMÍAMOS ARROZ Y APAGÁBAMOS LOS DATOS DEL MÓVIL DURANTE UN TIEMPO MARCADO. EL QUE TENÍA MÁS MENSAJES AL VOLVER LA CONEXIÓN, PAGABA).


EL AGUJERO DE LA LUNA_De un discípulo pagamos pasamos a un verdadero Jesús. El Jesús que hizo inmortal Sergio Algora como solamente se hace un personaje que aparece en una canción, “Jesús, etc... etc”. Todos atrapados en la caja que se ha convertido el mundo. Jesús es un ente de risa contagiosa, en una pandemia de voyeur, que aumenta la envidia de su acompañante mientras esos espejos que devoran el tráfico, lo atrapan, deforman la muerte como si fuera un simple aviso, actúa el espejo como gorgona atrapada por Perseo.  



sábado, 19 de diciembre de 2020

Teoremas de la Máquina de Turing (Autoeditado, 2020)

 


El EP se abre con un instrumental entre el pulso de Melero y la suavidad de Eno, una mirada al nacimiento del bosón, al sonido del rocío al caer de una vida. Menos de un minuto para que el primera tema , Arañas, arroje una suntuosa iteración de suavidad mantenida como un metrónomo disfrazado de caja de ritmos, se dobla la voz y la guitarra sostiene la voz en un eco que avisa de la llegada del a sección rítmica. Pop que se dobla sobre sí mismo hasta que la voz se eleva como un abismo. La sintaxis como amante pobre del álgebra, el cuerpo como un olvidado axioma de Peano, boca, básico, cuenta con tus dedos en mi cuerpo. Unos arreglos que funcionan en una variedad que nunca da sensación de errática. Recuerda a la parte más naif de Esclarecidos o a un replicante de Amaral despertado para la ocasión. Una guitarra limpia abre “Su lugar” como en una declaración de principios, susurros, chasquidos percusivos y ese lirismo de Antonio Vega mientras llega la base rítmica y el amor estalla como una permutación apreciable solamente para el que la sufre. Aquí perdemos un poco de fuelle con la mirada hacia las estrellas con un solo ligeramente esquelético que no acaba de encajar en el sobresaliente comienzo del tema. El penúltimo corte del EP se llama “Huracán” y el tratamiento de voz haría feliz al Doctor Manhattan, lo enamoraría sin duda, contiene contradicción, juego de espejos y recuerdos y ausencias en una sola habitación, donde la voz arrastra arena desde debajo de la tierra mientras que la base instrumental cumple con sobriedad su labor de sostén. Es la mejor letra del disco pero buscamos un poco más de riesgo, tenemos todavía mucho espacio para indagar entre la perdida Rosario Bléfari o incluso las aventuras de Hilda Lizarazu al frente de Man Ray. La dicción y el fraseo nos acercan a Ely Guerra y la primera Julieta Venegas. El cierre del disco se llama “Huracán” y el nylon y el piano es un susurro atrapado en una caracola, recuerda a los reivindicables Louisiana o la parte menos íntima de Bronski. Las guitarras se abren paso y la sencilla metáfora de la cometa -incluyendo la rima en consonante con trompeta-, funcionan con lucidez, como la guitarra ácida y oscura que raja la partitura en momentos puntuales.



La máquina de Turing entrega un EP de producción cristalina, saliendo airosos del juego de tiempos y combinaciones, con una voz dotada que no abusa de arabescos pero también es una banda a la que podríamos pedir un poco más de riesgo, hay partes de los temas que son un incendio y empezamos a arder y otros en los que la comodidad hace que perdamos el interés. Con trabajo, La Máquina de Turing, con su buen gusto, pueden ser la próxima gran noticia de nuestra música.

Algunas palabras sobre Julio en invierno de Fernando Vallejo Ágreda (Los libros del Mississippi,2020)

 


Un verso que abre el alma al mundo: “Yo/quería recoger en mis ojos toda una vida”. Un silencio después. El amor que escapa, la juventud frente a la madurez, el sentimiento constante en que no hay compartición ni movimiento, vida cruel, como tango en ciudad de Cierzo: qué cruel el tiempo que va más rápido en un cuerpo nuevo que en uno ajado. El amor a distinta velocidad. En su libro, Fernando Vallejo sabe que el vacío se puede atrapar en un poema, que la entropía es una imagen especular que aumenta el sueño y seduce la pesadilla. Así, los síntomas de la enfermedad son un ruido que rompe a la muerte. Escucho y leo, punto y amargo: “un mensajero con gárgaras en las pupilas” y cualquier comparación entre el hombre y el absoluto nos devuelve una derrota inapelable, un salto cualitativo: la Nada que se ha ganado los galones de la mayúscula, el Espacio, la Luz, el Tiempo, la Voz. Las sombras siempre deslumbran: “Todos están en tus labios/nadie te pronuncia. El altar del tiempo”. Los fantasmas son amantes de la oscuridad y allí demuestran que la soledad es un acto de constricción que define el absoluto. “Nunca me he alejado de la muerte./Creo que nadie/Siempre es tarde para empezar a vivir.”. El verso corto, como una epístola entrecortada, un salmo incompleto, donde la voz se impone a la metáfora, la sangre a la imagen manida, la vida como un deseo inacabado: elegir el desastre como quien elige la palabra exacta, seleccionar el amante que se niega como quien señale el lugar vacío donde permanecerá lo que la vida decida dejarle vivir. Por eso “Julio en invierno” es un libro en el que la existencia es un juez en el deporte sacro de la vida que, atada eternamente, se esfuerza por alejarse de la muerte. Como el poeta que se aleja del cuerpo amado, aún confuso, aún esperando una remontada épica: “Muerta por muerte” o la imagen que es la vidriera divina del libro: “Los monos montan a caballo cuando están de vacaciones”. Sexualidad violenta, el cuerpo como un desgarro en el tiempo, como un estocada convenida y deseada: “Abdicar es vencer para siempre”. Como el antídoto que es más veneno que antídoto: “En la muerte se establecerá vuestro turno”, el poeta es parte de una tribu que se engaña, pues, como dice Fernando Vallejo: “Nuestro tiempo no tiene fin”. 'Julio en invierno' es una nueva entrega del electrón libre Vallejo Ágreda, salvaje dandy, elegante y espiritual como un whisky reposado, postrado frente al abalorio terrenal se deja acompañar por las ilustraciones de Federico Contín, que se lanza hacia una mixtura de oscuridad antieuclídea, que pivota entre lo santidad de Antonio Saura, la locura del tinte plúmbeo de Francisco de Goya y el sacrilegio arterial de Lina Vila. Un libro que sacude, que deja marca en el camino nevado que lleva hasta las montañas donde la locura y el amor arden ateridos de deseo, ausentes, desconocidos el uno frente al otro.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Algunas palabras sobre Haga lo que haga en la tierra de Vicente Muñoz Álvarez (Canalla ediciones, 2020)

 


En su último poemario Vicente Muñoz escribe: “como si hubiera/envejecido mil años/en solo unos días/perdido/en mi laberinto”. Vicente Muñoz acaba de editar 'Haga lo que haga en la tierra' con Canalla Ediciones. Son poemas tras la tormenta, un poemario distópico que atrapa lo que le rodea, ahora todo humo y lágrimas y lo convierte en el misterio de la vida. El tiempo, el cambio, la vida como una mutación salvaje que acabará en muerte, la fortuna como un contrincante que juega con los dados cargados: “La solicitud como una condena que asfixia tu corazón”. Jean Grey enamorada del cuervo de Poe, la entropía como brújula para los que quieren perderse con conocimiento de causa, la tripulación que canta, muy borracha, la lista de los capitanes que se perdieron en el camino a Ítaca. Este poemario de Vicente es la carta en la botella, es el mar como esperanza de olvido, el arrecife como sustento de las sirenas. Vicente se sabe tripulante solitario de un navío que hace aguas y, a pesar de todo, achica con la fuerza del amor, de la familia, de los poetas a los que una vez guio: “me pregunto/ esta tarde lluviosa/ de otoño en la Tierra/ cuento las bajas/por pérdidas”. En el libro el poeta sigue vivo porque es otro, el que fue hace mucho que se ha perdido, no mejora, simplemente engaña a la tormenta. Pero su luz es inconfundible: “lo he dado todo/mi corazón al desnudo/latiendo en sus manos/arden los restos”. La segunda parte del libro, Vórtice, es un destilado de versos, microdosis de ácido, restos de veneno, Kafka y Sísifo, Ovidi Montllor y la lluvia de la que se protegían los replicantes en Blade Runner. Tres versos, múltiplos pánicos, drugstores vacíos de amor y llenos de ginebra, mujeres dentro de mujeres. La gasolina de la vida en múltiplos de tres. Tercera es la parte donde uno se ahoga, Aguas profundas. Se abre con una cita de Poe, como antes lo fue Kerouac, santos de un panteón eterno. Un mundo que acelera y un hombre que tiene tatuado el mapa en la dermis, un hombre que suda su vida, que la mece en noches largas que son aviso de jornadas todavía más largas, cuando el zapato es un objeto que es pan y es sal, hombre de ruta, hombre lobo sin luna llena, escritor porque el silencio es la muerte y cantar lo que escribes es señal que sigues vivo: “quién sabe qué espera/en la siguiente estación”. Un fugado de la poesía, un rapsoda de ultramar, un fantasma de motel que sigue mirando la luna esperando su amor no correspondido. Los libros de Vicente Muñoz son cada vez más confesionales, no hay avidez por fama o bulimia del éxito, solo la autenticidad del malabarista, que va y viene, hace amistad con los diablos de cada encrucijada y sabe que le van a perdonar el peaje tras tantos años juntos. El final es, claro, Llegar a puerto. Ahí está todo, Ulises, el país de nunca jamás, las islas Marquesas, el retiro de Rimbaud, la soledad del amante que construyó un palacio para habitarlo solo y ahora no quiere retirarse allí, hogar de ángeles y de proscritos por igual, “como si ninguna otra/hoguera en la Tierra/pudiera iluminarnos/más fuerte”. La ceniza, pariente pobre del fuego, la coda, el remedo del te quiero silenciado: “Nada más puedo pedirle al cielo”.



Algunas palabras sobre Ir al norte de Fernando Sanmartín (Editorial Libros del aire, 2020)

 


Ir al norte de Fernando Sanmartín es un libro donde la búsqueda se confunde con el encuentro. La ciudad es la que elige al poeta porque envidia el cariño con el que trata a otras como ella. El pasado es sepia y en las fotografías hay tabaco y colores sepia y unos pocos coches aparcados junto a la playa en los veranos de los setenta con una matrícula que pone CH, como una promesa de remanso y dulzura de relojes. El poeta que está sediento desde el primer poema y seguirá así hasta el final del libro: “Una promesa es desnudarse cuando ya no hay ropa”. El dinero falso hecho de trapos, las planchas del hotel, mandar a Última Thule un vinilo que entre sus surcos estén grabadas las medidas del hombre perfecto, medidas que cuentan sílabas como en los poemas de los libros. El poeta Sanmartín es poeta del silencio, porque el sonido en el espacio es solo eso, una mentira de la ciencia podrida, el sonido siempre interrumpe, sobre esa interrupción se define, el sonido no adivina ni se esconde, así que prefieres el silencio. Poeta que elige silencio y noche, disfraz conocido para un Carnaval perpetuo. El uno de enero es el falso comienzo, el uno de septiembre, sosias, que mezcla ilusión y terror. Una ciencia inexacta es esa que habla del comienzo. ¿Cuándo comienza el amor, con el primer beso o la primera mirada con respuesta es ya aniversario? Sanmartín es joven y sueña con uno monstruo al que opositar. Es la niebla de Sofía una pista del lugar donde ocultarse, es el hogar de aquel Kleinman kafkiano que entre sombras buscaba amor y compasión. Sanmartín nace con el Ebro y comparte armas con su amigo muerto, un ángel que hablaba de pistolas, pero amaba las piscinas. Sofía, vuelvo a Sofía porque es nombre de mujer, como lo es Praga y Budapest, como son todas las mujeres que ocultaban su belleza tras el telón y ahora florecen entre desconocidos que las pasean, Sofía está invitada al baile de la muerte, es una más en la crisis entomológica que nació en Praga y se extendió con la delicadeza de la larva por todo el organismo. Sanmartín ha destapado en 'Ir al norte' un vino de buena cosecha, sentencias contundentes que demuestran su dominio de todos los registros líricos: Dios es un vagabundo, el Rey de la Atlántida caminando por las calles de Babilonia con una barba larga, olvidada su sangre azul o verde o amarilla, hasta que la Johny Storm lo hace recordar. Escuchen el verso: “Soy el que no diferencia/las razones de la sed”, ahora mismo la poesía es un ente sediento al que no sacia ningún verso o si lo hace vuelve la sed con más angustia que antes. Sanmartín acumula retazos y recuerdos, colecciona fotografías en los lotes del Rastro y se declara: “Soy un horizonte reparado”.



En la segunda parte de libro los viajes siguen presentes pero los versos tienen una delgadez casi enfermiza, personajes del Transiberiano, lugares lejanos, extremos desconocidos, el comienzo y el final: “Cuando sabe que en un día cabe toda la vida”. Como un ente divino, como semilla de deidad, tiene el poeta el poder de conservar la extenuación, ser el viajero que agota los viajes, los lugares que visita, atrapados, colecciona las derrotas en combate singular con las ciudades como trofeos. En uno de los poemas Fernando Sanmartín habla de los suicidas descalzos, la sutileza del álgebra como ciencia de lo desconocido. El álgebra es el arte del rompecabezas, la matemática que encaja y da sentido a las bases y los sistemas generadores. Sanmartín se detiene en los ángulos rectos de la existencia y allí encuentra el descanso que no le dan los zocos. ¿Será la muerte la incógnita que cierra la ecuación de la vida?: “La verdad es un rostro sin afueras”. Entre el Álvaro Valverde de 'Más allá Tánger' y el Aute que busca en el cielo protección, el tiempo de Sanmartín colecciona noches de nieve, esas en las que el niño duerme con la esperanza de no tener escuela al día siguiente. La muerte del tiempo es el instante en el que todo se detiene, temblor y desencaje, mecánicas básicas sin mecánicos, mecanismos terrestres, mecanismos únicos que se expanden como una mancha de aceite desde la aldea de los fermiones hasta el pozo misterioso del agujero negro. Sobre lo que niño no pueda entender que ningún dios ejerza cátedra. Quizá el mejor poema o el poema sobre el que se sostiene el libro.


Pero Sanmartín vuelve a la humedad de Venecia, engaña a París con su desprecio puntual, emerge en la medianoche, es un eremita que ha conocido suficientes incendios como para no evitar las cenizas que deja la lubricidad a su paso. Poeta cautivo, poeta que se deja viajar por encima, que se encuentra y que alimenta a las llaves con su propio cuerpo. Poeta que permite que sea el veneno quien decida qué mar asesinar, qué lejía, qué amoníaco, qué purificación química haga de los versos un blanco donde volver a empezar.

sábado, 21 de noviembre de 2020

Reseña de Manifest y Arena EP´s de Pablo Malatesta (Autoeditado, 2020)

 



La aparición de estos dos EP´s marca un punto y aparte en la trayectoria del músico y productor Pablo Malatesta. Es un salto adelante, un reflejo fidedigno de su evolución hacia espacios compositivos donde resulta complicado destacar y una vuelta de tuerca en cuanto a lo que uno puede encontrar en la actualidad cuando buscar encuentros entre músicos del pop y la electrónica. Es un salto adelante porque es la primera vez que encontramos a Pablo firmando con su propio nombre un proyecto solista, donde da rienda suelta a sus últimas obsesiones, la electrónica orgánica, aquella en la que las máquinas y el hombre encuentran una simbiosis que va más allá del proceso de almacenamiento y secuenciación: Pablo Malatesta ha tocado las notas, fusionando sus pupilas con las luces rítmicas y sus huellas dactilares impregnan los sintetizadores para dar forma a atmósferas cambiantes, ritmos sincopados y música que pivota entre lo ambiental y lo bailable. Pablo Malatesta había demostrado ya su habilidad como compositor de espacios sonoros en distintos proyectos, además de generar melodías y arreglos para los grupos donde ha desarrollado su trayectoria previa, pero es cierto que es la primera vez que se enfrenta a la abstracción musical, al lienzo puro, al cassette virgen...ahí donde solamente importa la música...y dónde está la música, ¿en los cables?



La propuesta de Malatesta está dividida de manera muy inteligente en dos EP´s, no hay primero ni segundo, se complementan y mezclan sin confundirse. Si uno decide indagar primero en Manifest encontrará seis minutos de música bailable en la pieza que da título para luego volcarse en el loop hipnótico de Kampai, donde el averno espacial se mutila en un aparente nerviosismo formal, como si el universo fuera un animal adicto a la ketamina que empieza la noche. Wish imita las imperfecciones del vinilo, como en una lluvia de electrones golpeando una televisión sin ajuste de antena, sobre una pulsión casi entomológica crece la tempestad como en una banda sonora de videojuego maldito en 8 bits. Olas y olas de sirenas cibernéticas saludan y esperan, haciendo de los mantras una excusa para la dispersión de arreglos aceitosos hasta que a mitad del deseo la oscuridad de una carretera perdida impregna todo. Como si Baladamenti hubiera capturado un parásito de Tron llegamos a OGI, un tema de más de ocho minutos, donde las olas electrónicas se ven sacudidas por una oscilante lluvia concreta, cristal, cristal líquido, alma de casiotone, caja de ritmos que resuelve la ecuación de la vida. La vida como imitación de la vida. OGI tiene esa tonalidad brumosa del oriente seductor que se llevó el alma de Mick Karn mientras deshacía el maquillaje de una bella replicante. Manifest concatena en cada pieza elementos bailables, agresivos unos, fríos como lunas de Saturno en otras ocasiones, con sacudidas espasmódicas al robot que duerme y sueña con fusibles quemados donde insertar sus conexiones.



El segundo EP, Arena, se abre con el tema del mismo nombre, un piano nos recuerda que Pablo Malatesta es un instrumentista dotado que ha sabido experimentar las posibilidades de las cuerdas y la electricidad cuando se unen con cables a cerebros digitales. Por eso este Arena tiene un sabor de oscuridad ambiental, de melancolía por el paso del tiempo, de exploración tardía a una nebulosa extinta. Blitzliebe, el segundo tema del EP, ya había aparecido en versiones primerizas en antiguas propuestas de Pablo Malatesta, y nos recuerda aquellos tiempos a mediados de los noventa en los que Bowie giraba con Nine Inch Nails y Trent Reznor aparecía en el escenario para interpretar con su saxofón Subterraneans, el oscuro tema con el que se cerraba Low. Mi favorita de todas las piezas. Las razones quedan entre Pablo Malatesta, el Solina String Ensemble y un servidor. Resilience es una pieza más accesible, casi relajante dentro de la trepidación general del material, hay algo de esa síntesis cercana que con la base rítmica resulta familiar y provocadora. Es la sintonía de la aventura, de la exploración. El cierre con Infinity_and_Beyond, es un alegato a la apertura de miras en lo musical que ha supuesto estos dos trabajos de Pablo Malatesta, con ecos que se pierden de un público que ha crecido, los teclados que se apagan en la lejanía como piezas que deben de volver a su lugar, el ritmo de las baquetas que piden una más, una voz que aúlla la vuelta de los ángeles, el muro que crece y echa raíces. Somos tan débiles y pensamos que al desnudarnos nadie querrá mirarnos.

La vuelta de Pablo Malatesta a la actividad musical, con una libertad absoluta como ha demostrado con estos dos trabajos, es un anticipo, una bocanada para seguir respirando en esta distopía vital en la que nos encontramos. Pablo es un creador libre, exquisito y trabajador, con un nivel de exigencia y perfeccionismo que, como todos los grandes artistas, bordea lo paranoico. Eso hace que si se ha permitido liberar este material la esperanza de volverle a ver sobre un escenario, tras la mesa de producción o simplemente acompasando nuestro corazón al ritmo de sus pads y secuenciadores sea una realidad.


La música de Pablo Malatesta se puededescargar aquí

sábado, 17 de octubre de 2020

Reseña de MECANISMO UNIVERSAL de MECANISMO DE KOZAI (Autoeditado 2020)

 


Mecanismo de Kozai es una de esas nuevas olas que con regularidad llegan hasta las playas aragonesas. Olas que son necesarias para arrastrar propuestas repetitivas y capaces de dejar una huella permanente durante el tiempo suficiente. En su primer largo uno encuentra una producción muy cuidada, con la voz en primer plano, melodías que juegan entre lo cristalino y lo ambiental, textos de lírica libre con un aderezo épico coherente con lo celeste de su nombre. El Vuelo, tema con el que abren el LP es una buena muestra de ello, guitarras punzantes y garganta preparada para demostraciones solventes. El sonido de Mecanismo de Kozai nos remite a algunas de esas bandas que en los noventa siguieron la senda de letras cuidadas y selectas incursiones en la oscuridad como En Pecado o Gazza , pero también tiene algo de esa contribución al universal libro pop que hacían Distrito 14 o los recordados Días de Vino y Rosas como en el tema Química. Agosto fue uno de los primeros temas que mostraron al público bajo su nueva encarnación, con temática de amor a la Madre Tierra, tiene la fuerza de la reivindicación apocalíptica y en Astrolabio dan rienda suelta a una levedad enternecedora (a pesar del atrevimiento lírico de rimar labio con astrolabio, pero no nos vamos a poner ahora puristas, que todos hemos caído en la rima consonante alguna vez) , El pulso del viento juega con tonalidades más aceleradas para volver con Polvo a una delicadeza de ensoñación que remite a bandas como la Dama se esconde. Estatua de sal tiene un trabajo de guitarras preciosista que frisa el rock medieval y Domesticando mariposas vuelve a cultivar con arreglos épicos una forma de entender la música de larga tradición en nuestra tierra. Dogma/Axioma tiene algo de esa cadena que une a Las Novias con la versión menos tóxica de Parálisis Permanente. Una letra muy original, donde la banda juega con mucho gusto con conceptos habitualmente muy poco usados en la canción pop. El final no es la última canción, que con su sección rítmica trepidante, queda reservado a Éxtasis, una manera de entender el cielo como argumento, la vida como sucesión de estadios...Mecanismo de Kozai han entregado un primer LP de factura notable que picotea en su paleta con estilos muy diversos, destacando el trabajo con la voz y un equilibro entre baile disfuncional y medio tiempo confesional.


Más información y escuchar disco en el blog amigo Aragón también tiene sed

domingo, 27 de septiembre de 2020

Vida EP de Stabilito (Autoeditado, 2020)

 


Uno siempre tiene la sensación de ser un interino en su propia vida. Estar guardándole el sitio a tu yo que crece, a tu yo adulto, a tu yo padre, a tu yo abuelo. No sabes quién se quedará esa plaza definitiva y mientras, imitas el lugar de tus progenitores o preparas el camino a tus descendientes. Aquel que entiende la vida como un interino suele dejar en la espera mensajes y recuerdos: canciones y poemas, películas y juguetes, guitarras con marcas que a su vez son historias. Mil vidas que se multiplican casi de manera fractal. 

Así uno se acerca a un disco final que es un principio, a una muda primordial como es esta Vida de Stabilito. En tiempos de concentración y usura emocional, se agradece una reflexión en cuanto a arreglos y voces. El disco se abre con Benson, con un sampler y una guitarra trepidante, una guitarra de la tercera nueva ola: abres la boca y te imaginas intoxicación o lucidez, tú eliges. Sigue con Hiroshima, se abre con el aullido de una habitante de las pesadillas de Oppenheimer para desgarrar el espacio tiempo a base de una sección rítmica que se desliza como los tentáculos de Shoggoth abriéndose paso en la madrugada a través de las grietas que dejó la destrucción. Hay un momento de ceniza en el texto, una forma de deshacer muerte y darle color, con las guitarras y el aullido que nos recuerda a aquellos grupos ochenteros españoles de nombres prohibidos, grupos que nadie quiere recordar que existieron, como 429 Engaños o Minuit Polonia. Un actor invisible nos lleva por latitudes acuáticas y estancadas que activan pasajes de la memoria que son como el beso de una madre antes de dormir, abriendo de nuevo el cielo a la electricidad, con esa variedad de registros de Guillermo Esteban. No solo por estar cantado en catalán pero es evidente que los mecanismos llevan a la acidez de Ricardo Solfa cuando abusaba de la ayahuasca con Adriá Puntí y, completamente pasados, invitaban a anchoas al oso polar disecado que guarda Dalí solo para sus favoritos. Están los momentos menos sacados de El columpio asesino y los restos de hidrocarburo que dejan Nudozurdo cuando vuelven de resaca, está el Miracle el aire, con esa fatalidad de las bandas que surgían de los prefabricados de Manchester, como Durruti Column o la parte más post punk de Cabaret Voltaire. Salmodia en el texto, el camino de Ray Loriga, no saber distinguir el sabor del congrio seco, no tener lo que se quiere, solo lo que no se puede evitar. En el gran libro de los días extraños, la dicción de Stabilito, de Diego, el vocalista, nos lleva a los momentos más alucinados del Indio Solari de Gulp! para acabar en Funeral, convirtiendo el final en una especie de ecuación cuya resolución se pinta en las paredes con sangre. Funeral abre los pulmones, expande los instrumentos, Dios es una pelotón de fusilamiento y la cama de un hospital una barcaza conducida por Caronte. Me guardo la última moneda para pagar la zona azul o invitar a ese espectro de buenas piernas. ¿Se parece un poco a Nico o son las lágrimas que no me dejan ver?

Stabilito es un producto de su época, de una época posterior a los noventa, una época en la que todo volvía a parecer ordenado y entonces la exigencia se convirtió en un problema y la originalidad ya no servía como bandera. Prohibieron el cigarrillo y el katovit y dejaron la merca y el ansiolítico. Así que nuestra vida siguió siendo una montaña rusa pero como todos íbamos montados no nos dábamos cuenta. En física se le llama observador no inercial y uno tiene que echar mano de fuerzas ficticias, como la de Coriolis para tener la sensación de que su parte en el mundo está en su lugar. Este disco de Stabilito puede ayudar.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Mirada al pasado de HombreLobo (AUUU!!! Records,2020)

 


Son dos viejos conocidos de la escena musical aragonesa: por un lado la voz y la capacidad compositiva de Alejando Mariona (Alx Estige en su encarnación de principios de siglo) y la habilidad como alquimista de la electrónica de Ricardo Ponce (Räro dj en EIDN, la última época de Nubosidad Variable o Louisiana). Cinco temas para un EP que se abre con Galáctica con sus fibrosas vellosidades sintéticas acompañando una voz sobresaliente, una mirada a las cenizas que dejan como huella los monstruos del espacio, tristes en los noventa. Hombre Lobo es un abismo de enanas blancas, una entropía con sonido de fondo, ecos de lo que pudimos ser y que no volveremos a contemplar como fracaso. El paso a Ruido nos ofrece un pasacalles mucho más lúdico, de ángeles que alucinan como devotos de la trepidación de Martin L.Gore y las producciones de los satélites del Carlos Berlanga más tóxico. ¿Es Tino buscando a Billy Boy? ¿Es John Foxx contemplando Europa después de la lluvia?. El tercer tema, Camino hacia la luz es una de esas letras maduras que esperábamos de un compositor de como Alex Mariona, con uno de esos fraseos desbordados, un gen mutante que no se aprende, se recibe directamente de los habitantes de Oviformia o los besos de una bandada de gaviotas. Atmosférico como su nombre indica, como un expedición en busca de la Lemuria perdida, las sirenas soplan al oído de los roland y los fugaces devaneos de M83 con Jean Michelle Jarre. Bucear es volar en silencio, soñar sin miedo a mojarse. Los arreglos acompañan perfectamente la voz y no hay un brillo de más ni un alma sampleada que se pierda...incluso con el aviso final de bombo a negras que promete un directo jugoso y bailable. Sencillamente perfecto. Ricardo Ponce demuestra un manejo en la sala de máquinas que significa una evolución cualitativa en estos últimos años, acercando su paleta a los grandes, cuidando cada detalle. El final para Sol, en contradicción la parte más oscura del disco, entre Azul y Negro y los Iniciados, sabiendo que uno no se convierte en vampiro hasta que llega el día. El resto del tiempo bailas o te inyectas TB-303 hasta que tu corazón encuentra la secuencia correcta para el quinto profeta.

Un disco sobresaliente, pulido con un diamante, fino como una placa de korg recién salida de una caja olvidada en un almacén de Manchester por el nieto de Bernard Summer, en el decimoséptimo cielo hay una parada para estos licántropos. Descubran sus arterias, traen los dientes afilados.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Reseña de Amor Olímpico EP +DEP los Crápulas single de Mediapunta (Sonido Muchacho,2020)

 


Mediapunta ya no juegan en divisiones inferiores, han creado su propio campeonato en una división paralela de aullidos, picaduras y delanteros con el cerebro quemado que no asumen su decadencia. Mediapunta es al deporte como Maradona a la vida, intoxicación y aceleración. No sabes si estás siguiendo a un ídolo o estás siendo parte de la función de un clown. Tengo cuatro canciones, me prometieron dos más. La dosis anda escasa, pero Fantasma lleva el ritmo adecuado para ser píldora asesina, de leche y drugos pasados de vueltas, guitarras afiladas y una sección rítmica contundente con Diego Ibáñez emulando al mejor Jam Albarracín juntando su voz con la de Francho y cía. Traición suena ochentera, suena a los Vegetales o a los Zoquillos cuando iban de pervitín y se disfrazaban para destruir con un tratado de Adolf Loos en la mano. De Tumbaos hay videoclip, porque Mediapunta es la generación que lo registra todo, trabajando el workinprogress sin descuidar los detalles, el fraseo de Francho ha mejorado desde los tiempos del Gol de Nayim y es uno de los mejores activos de la banda junto a la solidez instrumental, sencilla y funcional, Tumbaos es una nueva revisión de La Playa de los Planetas en clave tóxica y sin metáforas, una canción tormentosa, cuando ya no hay que escuchar la voz de nadie para sentirse abandonado, vale con una mensaje de whatsapp. Boca de serpiente es el cuarto tema de Espíritu Olímpico y es un medio tiempo energético y macarra que solamente se desluce en una indecente rima consonante, pero siendo que Nacho Canut o Abraham Boba lo llevan haciendo décadas, quién soy yo para decir nada, ni que me dedicara a los sonetos. Yo me escapé de las fauces de la noche y ahora recibo avisos de madrugada de generaciones posteriores. Por eso agarro a Román, que tiene nombre de canción, y bailo en mitad de una habitación perdida de un pueblo lejano de cualquier lugar de ojos en blanco y puños en alto, pero sigue valiendo al aceleración primigenia cuando uno escucha Una gran cacería. Eran dos canciones que no iban en la botella que me llegó a esta orilla...la otra, El parque, ya avisan en las redes que tiene parte del cruce entre los Teenage Fanclub y Big Star, entre el Glaswow Rangers de Brian Laudrup y Jon Auer tratando de despertar a Alex Chilton porque tiene que acabar de producir a los Cramps. En El parque la riqueza melódica y las capas de guitarras y voces crecen con elegancia y demuestran que Mediapunta puede seguir dando mucho juego en los próximos años, quizá sea uno de los mejores temas de la banda, que pivota con gracia entre los garajes y los áticos, entre el subterráneo y la psicodelia alucinada.

domingo, 2 de agosto de 2020

Algunas palabras sobre La vida 2.0 de Mariano Gistaín (Editorial Xordica, 2000)

Vida 2.0,La (Carrachinas): Amazon.es: Gistaín, Mariano: Libros


En redraragon pone que el precio aproximado del libro es de 1600 pesetas. Que es una novela. Han pasado 20 años. Mariano Gistaín ya lo sabía todo. No me digáis que es un visionario ni un viajero en el tiempo. Ni un millonario que moldea el mundo a su gusto aprovechando el poder que le da su capital bien invertido. Gistaín utiliza la petaca como unidad de medida. Lo acertó todo. Acertó la llegada del COVID-19 y Podemos. No junto las dos cosas con maldad ni relación de ningún tipo. Mariano podría estar escribiendo esta reseña ahora mismo. Podría haberla dejado en un virus preinstalado en Windows 98 y se ha ido transmitiendo de portátil en portátil activándose como un durmiente durante la guerra fría cuando ha aparecido la palabra clave. Petaca. En el otro documento que tengo abierto hay un cuento que está creciendo. Nunca será una novela porque la novela habla de muertos y de caminos que se eligen de manera aleatoria. Se equivoca usted de camino me dirá Mariano. Gistaín se tira desde el tren al llegar a Calatayud. No espera que se detenga. Entonces no había AVE. Así que el regional, el talgo, el cercanías, iría suficientemente despacio. Sabe que el camino que F. e I. recorrieron eran variable. Faltan 6 años para que eso ocurra y 20 para que yo modifique el recorrido en mitad de una pandemia. Marino sabía que iba a llegar. Está contando antes que nadie lo del COVID-19 y también te está contando la serie Years and Years. 
EN LA MENTE DE RULO: YEARS AND YEARS: terror social en un futuro ...


En La vida 2.0 Gistáin dio el salto de lo analógico a lo digital cuando en la parte de atrás de los televisores no había HDMI solamente una ranura que se llamaba Euroconector. En la Almozara -luego volveremos a ella- la gente movía las antenas parabólicas para pillar la radio televisión de Luxemburgo. Se veían tetas con facilidad. Era mucho antes de telecinco. Era como Cronenberg en Videodrome. Cronenberg y Deborah Harry, Gistaín y Alma Coca. La de Alma y los Cadáveres. La de Cocadictos. 

Cable euroconector-Scart  M-M 1.5 M Negro

En el documento que tengo abierto al lado de este la gente encuentra videocámaras vhs donde graban comuniones y mañanas de Reyes, pero también a Peter Handke en cada hostal donde vivió en España. En todos los pueblos de España, en la zona entre Castilla y Aragón hay videocassettes de Peter Handke haciendo cosas. Tanto si vas por Tarazona como si vas por Santa María de Huerta. A veces pienso qué se destruirá antes el soporte digital de las grabaciones o las vidas de todos los que conocieron a Peter Handke en sus visitas a España. Esos soportes electrónicos con su magnetismo latente. Cuando les explico a mis alumnos que si mueves un campo magnético generas corriente eléctrica no se lo creen. A veces pienso que deberían llevarme a la hoguera solo por insinuarlo. 


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El lector de pupilas es un buen ejemplo de lo que estoy contando. Como el vendedor de recuerdos que salía en Tokyo ya no nos quiere de Ray Loriga. Loriga estaba agazapado y copiaba a Gistaín y a F. Loriga hablaba de Ballard y de Philip K. Dick pero en realidad estaba pensando en Gistaín. Lormatazepam Normon 1 mg. En la mixtape que grabo para esta reseña y para el documento de al lado solo hay tres canciones por ahora: Leave me alone en versión New Order, El anillo del capitán Beto pero cambiando a Norberto Alonso por Nino Arrúa y el banderín de River Plate por uno del Zaragoza (nota: la nave utiliza un combustible que es un derivado producido a partir del terruño rojizo que había bajo el suelo de la Almozara en los setenta, pero también volveremos a ello) de Invisible y finalmente Leave me alone pero en versión de Señor Chinarro. Usaré una TDK de 60 minutos.

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Ahora bien, salto un poco más adelante, quizá 2009 o 2010, Chusé Raúl Usón está en el living de mi piso de San Antonio María Claret. Desde la ventana se ve la calle Luis del Valle, muy cerca está el restaurante Dumbo. Encima de la mesa de vidrio deja la Vida 2.0 y también Los Bosques de Nyx de Javier Tomeo. Más libros, no recuerdo los otros. En el ascensor está esperándole mi hijo, Román, que nacerá el día antes de Nochebuena de 2019. Mi hijo apunta con un mando a distancia a Chusé para que me traiga los libros a casa. En el futuro cambiar de canal no será nada, no habrá canales, solo menús y sus colores y clasificaciones tendrán algo de dactilar y de captura de pupila. Un mando a distancia en 2048 que es cuando mi hijo habrá comenzado su viaje en el tiempo será como un hueso de mamut o una punta de silex engarzada en un trozo de madera. 

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Ni creo ni dejo de creer. Pero tú, Mariano, sabías lo del COVID-19. Tú sabías que en el Casino de Huesca, en el baño de hombres, había un Aleph. Un día de 2004 entró Leopoldo María Panero y salieron tres o cuatro personas cuerdas. Las dimensiones paralelas intercambian humanos como nosotros cromos. Esos días Luis Lles estaba muy atareado, tenía doble turno en la fábrica embotelladora de Coca-Cola que había a la salida de Zaragoza (con perdón) para que al poeta no le faltara bebida.
[Creo que te estás equivocando de libro, Octavio. No, no...también tengo pendiente para este verano distópico Florida 135 Cultura de Club].
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Ni creo ni dejo de creer.
¿Iban Pantani y Riis puestos de EPO? ¿Brassens inyectaba microdosis en sus canciones? Más EPO, más oxígeno. Un muerto reciente es como un vivo a punto de teminarse. Si aumentamos el ritmo, si todo va más rápido. Un segundo más. Espera, ahora que te he puesto en canción te pido que te detengas. Volveremos al Tour de Francia y volveremos más pronto de lo que parece al Forward de tu viejo vídeo VHS. James Ellroy imitando a Ballard. La cocaína de Ballard en la Costa del Sol. Una urbanización con paredes tan altas que no pueden saltar los virus. 
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Las pandemias aceleradas con un combustible especial, extraído del subsuelo de la Almozara cuando todavía se llamaba al barrio La Química. En la Química tenía el Real Zaragoza un campo de entrenamiento secreto. Allí llevaban a los zaragüayos a entrenar. Gracias a las mutaciones producto de los efluvios del subsuelo llegó el subcampeonato. García Castany podría confirmar la historia. Y Glaría, que era maestro y amigo de mi padre. Mi padre estaba en comisión de servició poniendo en marcha el Jerónimo Zurita, la escuela, en el curso 1972-1973. Es el mismo año que conoce a mi madre. Se casan en 1975 y yo nazco en 1978. Salían con los chicos al patio y cuando los chavales le daban una patada al suelo el terruño era rojo, pero no como el de la arcilla, era un rojo que solo se puede conseguir si tienes la caja de rotuladores Carioca de 36 o lápices Alpino de 30 para mezclar. Era un rojo ácido.
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Lanzaron a Arrúa en un cohete como el del capitán Beto. Cuando vuelva tiene un burofax preparado lleno de denuncias. Un burofax será como un título nobiliario. Habrá muchos hermanos muertos en la bodega de ese cohete. A veces iba Perico Fernández a entrenar. Cuando mi hijo volvía a su tiempo se detuvo en el año 2011 y me vio sentado en Bodegas Almau invitando a un pitillo al campeón del mundo. ¿Qué diferencia hay entre un Aleph y un agujero negro? ¿Y entre Einstein y Borges? ¿Ramón J. Sénder y Aristóteles? Cuando vuelva Arrúa mi padre será el copiloto y ya no nos asustaremos cuando suene el teléfono fijo de casa en mitad de la noche. Cuando Gistaín escribió La vida 2.0 ya sospechaba que los teléfonos fijos se convertirían en una especie de lujo inservible como los porteros o los plazos fijos. Es difícil entender lo del precio del dinero. Cuando Gistaín escribió La vida 2.0 ya sabía que el dinero no valdría ni el papel con el que estaba hecho porque los predicadores de la Santa Hermandad del Cambio Climático habían prohibido talar un solo árbol y nadie quería llevar billetes hechos de plástico que pesaban más y encima eran mucho más contaminantes. El dinero de plástico, y eso ya lo sabía Gistaín cuando escribió La vida 2.0 solo valdrá en el Casino Montesblancos de Alfajarín. 

El casino de Montesblancos, en ruinas tras ocho años de cierre ...
En la Vuelta a España de 1983, la de la masacre de Serranillos, la de Hinault contra Lejarreta, contra Alberto “El galletas” Fernández, contra Gorospe, contra Arroyo o Perico...el 28 de abril Giuseppe Saronni ganaba en una llegada en repecho vestido con el maillot arcoiris de campeón del mundo. Todos iremos con nuestro dinero de plástico y quemaremos los billetes para no pasar frío mientras jugamos al copo o a los montones, porque todas las ventanas estarán agujereadas de las pedradas. Niños o mutantes. No respetan a la memoria de Saronni. Saronni no corría el Tour de Francia. 

Del arcoíris en la Vuelta a España | by Juanfran de la Cruz | Jun ...


En La Vida 2.0 hay una televisión atrapada en una habitación emitiendo una y otra vez la etapa prólogo del Tour de Francia de 1989 en Luxemburgo. Hay muchas almas atrapadas en esa habitación. Puede que una sea la tuya o la mía y nos hayan dejado salir para poder escribir esto. El Lormatazepam es la llave de entrada y salida. Lo dicho, está en bucle pero puedes pasar rápido con el dedo sobre el forward del vídeo y parece que Perico se da prisa y llega a tiempo. Lo haces con el dedo porque no hay modernidad suficiente en el mundo que permita un vídeo vhs con mando a distancia. Mi hijo usó uno como arma disuasoria para que Chusé Raúl Usón me llevara a casa la Vida 2.0 y un libro de Tomeo. Un mando a distancia para un VHS es una aberración. El COVID-19 también lo era. Y Podemos. Matrix ya es un clásico. Como la Noche de la Iguana. Fue la primera película que vi en DVD. No se veían los cables. Quizá nunca hubo cables.
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Reza por mí, Mariano. Estoy escribiendo una historia en el otro documento. A la actualización del generador de novelas le está costando descargarse. El módem hace ruidos extraños. Como cuando lo conectabas y eran los datos o las llamadas de teléfono. ¿Qué pared quedaba por derribar?